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domingo, 29 de abril de 2018

AQUEL ECLIPSE DE SOL DE HACE ALGUNOS AÑOS


Agustín Armas Hernández

Muchos esperaban, aunque pocos lo deseaban, que con el pasado eclipse de Sol vendría el fin del mundo. ¿En qué se basaban? Pues, en que era el último que se daba en ese siglo y milenio que terminaban. Aparte de coincidir, también, con otros acontecimientos largamente anunciados para estos tiempos. De entre ellos destacar los siguientes: las profecías de San Malaquías (1094-1148), referentes a los Papas; las videncias y cálculos del médico y astrólogo francés Michel de Nostradamus, quien ya en 1555 predijo el último eclipse de Sol ocurrido el miércoles 11 de agosto. Además, si a todo ello se le unen las catástrofes de toda índole que ocurrieron, y siguen ocurriendo, en nuestro planeta, no es de extrañar que muchas personas pensaran, y sigan con la misma idea, que algo tendría que ocurrir con este acontecimiento del tan traído y llevado eclipse.


Existe un dicho popular que dice: «Cuando el río suena, agua lleva». Entonces, ¿qué pasó, que no se cumplieron los augurios de agoreros, videntes, futurólogos, etc., que con tanto bombo y platillo anunciaban el fin del mundo conocido? Nada de nada. Agoreros de mala muerte. Falsos profetas. Videntes que no ven más allá de sus narices. Charlatanes que aprovechan los medíos de difusión para darse a conocer y de este modo explotar a los pobres incautos, hombres de poca fe, a los cuales sacan el dinero. Pero, no todo es falso. Ellos saben muy bien que algo va a ocurrir, puesto que se lo consultan a sus espíritus. Y esos espíritus, aunque sean demonios, no pueden negar lo que está a la vuelta de la esquina. O sea, el cambio inminente. El enemigo maneja a su antojo a los que no tienen fe, haciéndoles ver que viene el fin del mundo, cuando lo que va a ocurrir es una corrección a la humanidad, como antaño las hubo. Algunos ejemplos podrían ser el de Sodoma y Gomorra, la torre de Babel, el Diluvio, el hundimiento de la Atlántida, etc. El hombre económicamente está, y vive, mejor que nunca, aunque no todos lo estén pasando bien. 

El problema está en que se ha alejado de Dios, perdido como oveja sin pastor. ¿Lo hará el Señor volver a su redil? El cambio se acerca. ¿Es que no lo vemos? ¡Qué torpes somos! El siglo y milenio, aparentemente, son largos, pero a los ojos de Dios no lo son. Volvamos nuestras miradas al todo Poderoso antes de que sea tarde, antes de que su ángel apriete del todo el pulsador y se cumpla lo anunciado por sus verdaderos profetas. ¡Rasguémonos las vestiduras!, ¡arrepintámonos de nuestras culpas! Es la única forma de doblegar el corazón de Dios y, por ende, la corrección que ha de venir no sea severa sino benévola.