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sábado, 22 de diciembre de 2018

UN MEDIO DE INFORMACIÓN TURÍSTICA


Javier Lima Estévez. Graduado en Historia por la ULL

A mediados del siglo XX, como necesidad para contribuir a la difusión de las actividades orientadas al turismo que tenían como lugar el núcleo de Puerto de la Cruz, surgió La Voz de la Isla, disponible para su consulta en los amplios fondos hemerográficos de la Biblioteca Municipal de La Orotava. El domingo 16 de marzo de 1958 se publicó su primer número, siendo el distribuidor Eladio Santaella y teniendo como sede la calle San Juan, número 1, en el municipio portuense. El ejemplar se distribuía al precio de 1, 50 pesetas, siendo la suscripción por trimestre de 15 pesetas; el semestre por 27, 50 pesetas y el año alcanzaba el coste de 50 pesetas. Se trató de una publicación de carácter dominical, aunque desconocemos su periodicidad exacta al llegar hasta nosotros ejemplares sueltos. A lo largo de las páginas del primer número se suceden noticias que nos trasladan ante problemas que se plantean en aquellos momentos, tal y como llegaría a ocurrir con el problema del fluido eléctrico. Las crónicas también recogen diversos aspectos sobre los cambios que se realizaban en la ciudad, tal y como llegaría a suceder con las esperadas obras en la Avenida de Cristóbal Colón. Su situación se compara por parte de los contemporáneos con los cambios que se llegarían a desarrollar en la Avenida de Anaga de la capital tinerfeña. Esos cambios, poco a poco, transformaban la imagen de una ciudad portuaria y adaptando la misma a una nueva estética turística, con la presencia de  hoteles y locales de diversión. Todo ello con el recuerdo aún presente por parte de algunos nostálgicos, elevándose opiniones que llegaron a apuntar y considerar que se actuara de forma decidida en mantener las señas características del municipio para, de esa forma, diferenciarlo de otros territorios, tal y como llegaba a ocurrir en otros puntos turísticos a nivel nacional e internacional.

El semanario, consciente también de los problemas en diversos rincones del municipio, dedica su análisis al barrio de María Jiménez, al que poca atención se le prestaba en los medios de comunicación de la época.

También se recogen hechos asociados a obras que tuvieran en cuenta labores para que la ciudad pudiera actuar ante determinados fenómenos atmosféricos adversos, siendo diversas las voces que elevaban críticas respecto al estado en el que se encontraba el Barranco de San Felipe y sus nulas posibilidades de actuar como espacio para llevar el agua correctamente.

El planeamiento cultural de la ciudad encontraría ya desde esa década un canal de primer nivel a través del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias.

No solo se exponen referencias al núcleo portuense. En ese sentido, los intereses de la publicación también abarcan otros rincones del norte de la isla, siendo significativa la presencia de una entrevista en 1958 al alcalde de Icod de los Vinos, Julio Arencibia y Montes de Oca.

El deporte también ocupa un innegable espacio en las páginas de La Voz de la Isla. El lector podía advertir hechos asociados a resultados en el campo de fútbol orotavense Los Cuartos o realizar un seguimiento de la U.D. Puerto Cruz, que por entonces entrenaba Roberto Hernández Illada.

Es interesante también observar que la publicación dedica un espacio para mostrar nacimientos, defunciones, matrimonios e incluso la presencia de viajeros distinguidos en el municipio. Sobre este último aspecto podemos destacar como se señala la presencia en el Hotel Monopol del Dr. Shaefer, quien fuera director de la gobernación del Estado Alemán, junto a su esposa.

Los cambios y transformaciones, así como la llegada de nuevos turistas se llegarían a traducir, inevitablemente, en un problema en cuanto a la escasez de vivienda, siendo un hecho que se intentaría solapar a través de diversos proyectos e ideas que se llevaron a la práctica tal y como se apunta desde las propias páginas del semanario.

En definitiva, La Voz de la Isla actuó como un interesante medio en el que mostrar las características del Valle de La Orotava a mediados del siglo XX, en el marco de un imparable desarrollo turístico en el Puerto de la Cruz.

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