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domingo, 27 de enero de 2019

APARECIÓ EL NIÑO


Evaristo fuentes Melián

Al fin apareció el cadáver del niño Julen (hasta en el pueblo más alejado y pequeño de Andalucía se oyen nombres de pila de otros idiomas).

Una parte importante de los medios audiovisuales y las redes sin autocontrol han llegado a un punto en que toda noticia mala está rodeada de una parafernalia, auspiciada por técnicos del idioma y la fantasía semántica y gramatical, especialistas en la deformación de la noticia, o sea, en la desinformación. En términos religiosos son de profesión: Inventores de mentiras pecaminosas. Y no son cualquier cosa; algunos de los videos y argumentos que transitaron por las redes, fueron bien estudiados y redactados con verosímil contenido. En consecuencia, muchos dudaron –-dudamos—de que el niño Julen hubiera caído por aquel pozo de 25 centímetros de diámetro.

 Para no amargar más a mis lectores, les quiero contar un par de historias falsas. Uno de mis amigos de la infancia tenía una finca en la isla de La Palma, e iba de vez en cuando; y cuando regresaba nos contaba con pelos y señales que montaba uno de los caballos de su cuadra y estaba horas y horas recorriendo al galope todas sus extensas propiedades agrícolas. Pero si lo pensabas un momento, te dabas cuenta de que estaba mintiendo. Tantas horas cabalgando, tantos kilómetros recorridos, no podían ser verdad, se hubiera ‘caído’ por el borde de la Isla Corazón, o hubiera llegado a Fuencaliente para abrasarse (con ‘ese’, que es de quemar) en las cenizas de la erupción volcánica.

 Otro amigo venía de vacaciones en verano a la playa de Martiánez con su frecuentemente alborotado oleaje. Una vez nos dijo que se iba nadando hasta la Laja de la Sal (una roca en la costa a un par de kilómetros de la playa); se lanzó cual Tarzán con la primera ola, pero dio un par de brazadas en estupendo  estilo crol,  miró al fondo y se dio la vuelta. Y al llegar a la arena exclamó, con cara de asustado y mucho teatro, que ¡había visto un tiburón!

Espectador

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