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jueves, 6 de septiembre de 2018

RETIRO LO ESCRITO


Evaristo Fuentes Melián

El ectoplasma sudoroso, Alfonso González Jerez 05.09.2018 

El ectoplasma sudoroso

Comparto, incluso con cierta ferocidad, las críticas vertidas sobre la generosidad de los cabildos de Gran Canaria y Tenerife con la UD Las Palmas y el CD Tenerife respectivamente. Sea quien sea el presidente de las corporaciones insulares en ambas islas debe rendir pleitesía al equipo de fútbol y a la virgen del terruño, aunque no necesariamente por ese orden. El círculo de la estupidez popular y consuetudinaria se cierra con la visita de los jugadores de una y otra empresa a los santuarios marianos rodeados de fotógrafos y cámaras de televisión. Cuando los propietarios de los llamados representativos sobre los que cae el maná subvencionador son empresarios tan ejemplares y ajenos a procesos judiciales escandalosos como Miguel Concepción y Miguel Ángel Ramírez el deseo de que ambos equipos entrenen en pelota picada subiendo y bajando barrancos con una bolsa de plástico en la cabeza crece exponencialmente.

Por desgracia la nuestra, queridos críticos y desganados del balón, es una actitud minoritaria. El común de los mortales quizás gruña un instante al enterarse de los cientos de miles de euros gastados en esta frívola estupidez, pero se irritarían mucho más si sus equipos se vieran abocados a la desaparición o no pudieran fichar a un genio posadolescente al que echar la culpa del desastre al final de la inminente temporada. Y precisamente por eso los presidentes cabildicios sueltan las perras y se fotografían con estos héroes que generalmente nunca son coronados con los laureles del éxito, sino con las retamas del olvido. Es un ritual y, al mismo tiempo, un formato publicitario.

Debe admitirse, igualmente, que no hay nada endémico en esta terrible fauna. Todos los equipos españoles de primera división y la abrumadora mayoría de los de segunda reciben apoyos financiaros de origen público. El Gobierno vasco le pagó el nuevo estadio de San Mamés al Athletic de Bilbao, que recibe apoyos millonarios del ayuntamiento de Bilbao y de la Diputación Foral. El Barcelona recibe más de cinco millones de euros anuales como patrocinio de la televisión y la radio públicas catalanas. La Generalitad de Valencia admitió rápidamente convertirse en avalista en una alocada operación por la que el club de la capital cambiaba el solar del viejo estadio de Mestalla por terrenos públicos cedidos graciosamente: la torpeza de la operación y la quiebra de Bancaja ha significado una deuda próxima a los cien millones de euros para el gobierno valenciano. La lista de desafueros, despilfarros, regalías y favores resulta infinita y se basa, siempre, en un supuesto perverso: los clubes no son sociedades anónimas, sino una representación fantasmal de nosotros mismos. Un ectoplasma peludo y sudoroso de nuestros sueños y nuestros anhelos, de nuestras esperanzas y nuestros deseos de grandeza, de lo mejor y más sencial de nuestra estirpe. Que se siga vendiendo (y comprando) esa miserable mercancía metafórica, cuando casi todos los clubes están en manos -jurídica y accionarialmente- de empresarios inescrupulosos, mercachifles, oportunistas y majaderos salvapatrias no deja de ser una de las paradojas insoportables del postureo universal y la ficción compartida como estrategia comercial que llamamos ahora posverdad.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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