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jueves, 6 de septiembre de 2018

RELACIÓN DE PUESTOS DE TRABAJO


Salvador García Llanos

Una seguidora habitual de este blog se preguntaba ayer, en relación con el contenido de la última entrada, si no resultaba raro que el Ayuntamiento tuviera que contratar una empresa para abrir y cerrar las puertas del Castillo San Felipe, uno de los recintos principales donde desarrollar la actividad cultural del Puerto de la Cruz. “Para mí -decía- lo criticable es que la corporación tenga que llegar a eso”.

No le falta razón, aunque se pudiera justificar la medida con el razonamiento de que el área del que depende no dispone de personal laboral suficiente para acometer esas tareas y algunas que otras prestaciones, por lo que recurren a servicios externos, se supone que lo más especializados posible, dada la naturaleza de las actividades que allí se llevan a cabo.

Pero llama la atención, desde luego, que el Ayuntamiento no afronte con recursos humanos propios la apertura, cierre y mantenimiento de sus instalaciones culturales. El Ayuntamiento arrastra, desde hace años, una fama -a veces injusta- de plantilla sobredimensionada, con exceso de efectivos. Bajo el criterio de no aumentar el Capítulo 1 de presupuestos, relativo a gastos de personal, ni siquiera se cubren las bajas por jubilación o por otras causas. (Por cierto, tomen nota: en el próximo mandato se jubilará el 50 % de la plantilla actual de funcionarios y laborales). Si esta medida no va acompañada de los reajustes correspondientes y de la reconversión de plazas, el déficit va engrosando. Y hasta las provisionalidades (sustituciones temporales, por ejemplo) terminan complicándose, sobre todo si otras áreas u otros servicios se ven afectados y desprovistos. Aumentan también los riesgos del clientelismo, aunque parecen más proclives para otros centros de producción o para una empresa pública (Otro dato: es probable que, ahora mismo, Pamarsa tenga más empleados que el Ayuntamiento).

La solución estriba, entonces, en una Relación de Puestos de Trabajo (RPT) que, con criterios racionales y operativos, debe no solo contar con previsiones y necesidades sino con disposiciones estables a medio y largo plazo. Es difícil redondear una RPT satisfactoria, pero hay empresas especializadas en su elaboración, orientada al mejor rendimiento y a la mejor productividad, basada en las prestaciones más útiles y eficaces, una vez analizados con exhaustividad todos los recursos disponibles... y los necesarios para cuya provisión vendrían luego los procedimientos legales correspondientes. Luego hay que negociar, claro, con la propia empresa y con los órganos de representación de los empleados públicos. Igual son complejos los trámites y los resultados, pero hay que intentarlo porque es lo racional y lo procedente. Saber qué se tiene y qué se quiere, departamento por departamento y trabajador por trabajador. Eso, teóricamente, evitaría vacíos y situaciones indeseadas que la población no entendería y son propensas a toda suerte de críticas.

La experiencia en este mandato del Castillo San Felipe debe servir de base para dar un paso a favor de esa solución. Se dirá que ahora no es el momento político oportuno. Muy bien: a ver quién al menos se atreve a incluirlo en los futuros programas electorales. ¿O es que ya no hay de éstos?

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