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sábado, 8 de septiembre de 2018

EL TIEMPO DE LA REDENCIÓN TERMINÓ AYER


Lorenzo de Ara

Borrell ha advertido que “lo peor todavía puede estar por llegar”. Así da inicio la nueva columna firmada por Teodoro León Gross en “El País”. Ciertamente, las cosas pueden tender a empeorar cuando se dejan en manos de charlatanes o, sencillamente, mala gente. Y de mala gente está llena la política. Y la sociedad.

En el periodismo hay mala gente. Usted lo sabe, sapientísimo lector. Y gente boba. Estúpida. Es así, como lo están leyendo. Verdaderos hijos de puta, también. O sea, que además de cretinos, bocazas y juntaletras, proliferan en la profesión los peor depredadores.

España no está ajena a dicho mal. En Canarias, naturalmente, sucede lo mismo. De ahí que el desprestigio de los medios de comunicación se consolide como un hecho que les conduce a la irrelevancia.

Las redes sociales, que no son medios de comunicación, están ocupando el espacio que ya no pueden llenar los periódicos, las televisiones y las radios. Rematadamente mal se ha hecho el trabajo hasta la fecha y, como consecuencia de la aberrante realidad en el desempeño del oficio, Facebook, pero especialmente Twitter, han conseguido constituirse como los sitios ideales para recabar información rápida y “fiable”.

Porque la fiabilidad de la información en las redes sociales es hoy la misma que se puede encontrar en los medios de comunicación tradicionales. ¿Duele?

La enfermedad letal del papel de los medios no se cura con la invasión a través de las redes sociales, o sea, poniendo a disposición de los navegantes toda la información y cuanta más información mejor. Qué va. Ni siquiera es un salvavidas anunciar que se tendrá que pagar por el mejor periodismo en Internet.

El tiempo de la redención terminó ayer.

Y menos aún se logrará salvar el viejo periódico (en papel o digital) mostrando titulaciones a diestro y siniestro. No cabe la formación, la cultura, la lectura, la curiosidad, la observación, la devoción; no existe palanca milagrosa de la que tirar para que un leve intersticio de luz se cuele en el abismo donde cae el periodismo internacional, nacional, regional y local.

Facebook, Twitter (qué más) son hoy herramientas vivas que alimentan la vaciedad de mucha gente. Es más, nutren de la necesaria dosis de información a quienes no están dispuestos hoy, ni lo estuvieron ayer, ni lo aceptarán mañana, rascarse el bolsillo para leer un periódico de papel o en Internet, ver la tele o escuchar la radio. El gratis total no evitará que el olor a muerto en descomposición alcance la totalidad de los rincones.

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial escribe: “Es desolador el adanismo político de algunos dirigentes españoles de hoy.” En política es una realidad, ciertamente, pero en el periodismo también.

YouTube es un contenedor donde depositar toda la basura que generamos a diario, pero también una herramienta (falso progreso) que emplean los usuarios (centenares de millones, ¿miles tal vez?) para tener la certeza absoluta de que en un mundo con más información (desinformación) que nunca, ellos son los privilegiados, porque al segundo están al tanto de todo cuanto acontece al su alrededor (mundo-tribu).

El dramaturgo estadounidense Arthur Miller dijo que “un buen periódico es una nación hablándose a sí misma.” En España, país de sordos, un periódico, bueno o malo, es un objeto que comienza a tener interés arqueológico. Televisiones y radios están en el mismo sarcófago.

““El periodismo es el mejor oficio del mundo” pontificaba Gabo. Puede que tuviera razón.

Hoy el periodismo es un agónico éxodo de paquidermos en busca de agua para salvarse de la extinción.

Pero sólo hay espejismo.

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