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sábado, 30 de mayo de 2015

EL ESPLENDOR DE LA LUZ


 
Salvador García Llanos
Osman exalta El esplendor de la luz (título de su exposición) en su puntual cita con La Orotava festiva de finales de primavera, allí cuando el Liceo Taoro luce las galas que preludian las excelencias de la religiosidad solemne y del tipismo romero.
El pintor egipcio, en efecto, plasma como nadie la luz natural de la Villa monumental, de sus vías, plazas, edificios y rincones, de modo que el resultado final de cada cuadro es percibido como una interpretación de su afán y esmero para que esa singular personalidad urbana, esa plétora de perfiles clasicistas, luzcan con brillo inigualable.
Osman refleja, entonces, la luz propia hasta reproducir con fidelidad exquisita las condiciones reales de su proyección. Es una luz homogénea que predomina, que se aprecia de inmediato en cualquiera de los motivos villeros escogidos, ese paisaje que cautivó a Osman y del que ha hecho una admirable expresión pictórica.
Ensalzada, por cierto, con la original fórmula de presentación escogida para la ocasión: dos virtuosos de la adjetivación, dos excelentes conocedores del arte y de la obra del artista. Juan del Castillo y Luis Ortega, en efecto, sin protagonizar ni mucho menos un mano a mano, hicieron gala de su sensibilidad para contribuir, con sus explicaciones, a El esplendor de la luz.
Conscientes de la importancia de este elemento natural en la pintura, hablaron de cómo incidió en la producción de artistas canarios, peninsulares y extranjeros, a sabiendas de la dificultad que entraña la luz de Canarias. Desgranaron sus percepciones de colores, texturas y contornos. Juan, que ya colecciona hasta doce presentaciones de la producción de Osman, lució ese mesurado entusiasmo con el que identifica las excelencias villeras cada vez que cobran cuerpo artístico.  Y Luis, en un auténtico ejercicio de dominio de las convenciones y los estilos pictóricos, ensalzó la aportación del autor egipcio al arte hecho en las islas y desmenuzó los pormenores de los cuadros que cuelgan en las estancias del Liceo como un sugerente aperitivo de creatividad noble y lustrosa a las fechas que se avecinan.
Quiso Osman acercarse a El esplendor de la luz. Y sus lienzos y las descripciones de Del Castillo y Ortega lo lograron.

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