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jueves, 21 de febrero de 2019

LAS MURGAS GANARON AL PLENO


Salvador Gracia Llanos

Va a quedar ahí como un estigma de esos que el propio imaginario popular termina asumiendo y versionando, hasta prolongarlo ya sin medida y sin que mediaren muchas capacidades de borrarlo. Para colmo, se produce en las proximidades del final del mandato cuando se supone que gobierno y oposición pugnan por acelerar sus objetivos y, más que eso, por hacer valer planteamientos y mensajes que se hagan acreedores de la continuidad que persiguen unos y de poner en valor la condición de alternativa que se supone el empeño de otros.

Era lo que faltaba a un mandato municipal en el Puerto de la Cruz que termina -a estas alturas no tiene ninguna utilidad ni efecto práctico que saquen documento alguno, si es que lo tienen- sin que se conozca el texto que ha sustentado la alianza entre Partido Popular y Coalición Canaria, segundo y tercero en la clasificación de resultados electorales de 2015. Pero hay que recordarlo, claro: porque la población tenía derecho a saberlo para contrastar las condiciones en que iba a ser gobernada y porque se han tomado decisiones que, a sus espaldas, se prestan a críticas e interpretaciones no todas favorables. Anunciaron que lo harían público y hasta la fecha. Un incumplimiento de base. Pero la lógica, en política, ya se sabe, no siempre prepondera.

El caso es que el pasado lunes el pleno del Ayuntamiento se vio interrumpido cuando, tras haber aprobado los presupuestos generales del presente año, prosperó una propuesta del alcalde, Lope Afonso (PP), para frenar y seguir en otra fecha o convocar una nueva sesión, que las formalidades, depende, son para adaptarlas o cumplirlas con laxitud. Y si hay que incumplirlas, ya se buscará una justificación, aunque sea política y poco fundamentada en derecho.

Llevaban las señoras y los señores capitulares debatiendo unas cuantas horas cuando Su Señoría puso sobre la mesa del máximo órgano institucional la propuesta. No explicitó las razones pero luego se ha sabido que unos cuantos ediles acudieron al concurso de murgas que se celebraba en una localidad cercana. O sea, que la corporación -no hubo votos en contra- dejó sus deberes pendientes -había seis puntos más en el orden del día, casi nada- para escuchar los estribillos y ver la sandunga murguera. O sea, una carnavalada más.

Tal como están las cosas en política, con su desafección a veces ganada a pulso, tal es el grado de malestar que se palpa en amplios sectores sociales portuenses, que  la decisión es infortunada y carne de crítica, aun cuando esas mismas murgas no dispongan de tiempo ahora para adobarla. La oposición, muy en su línea de blandura y benevolencia de todo el mandato, perdió una excelente oportunidad de poner en evidencia lo que tiene mucho de negligencia. Digamos que le sirvieron en bandeja un manjar apetitoso y declinaron. Hace pocos meses, una sesión ordinaria también fue aplazada y no fue noticia. Si la oposición reclamó, tampoco trascendió. Cualquiera sabe si en los oficios internos de la institución municipal existe algún documento que lo acredite. No es que fueran a ganar mucho, probablemente; pero dejaron pasar siquiera una declaración de sentido de la responsabilidad, rigurosidad y seriedad. Ahora, a llorar en la plaza, donde, por cierto, su popular y abandonada cafetería lucía a la misma hora del ¿aplazamiento? del pleno un aspecto tenebroso y fúnebre tras el cierre, según parece, motivado por una inspección sanitaria.

Más de uno dirá que son hechos propios de un mandato agitado, pero menos. Insulso y poco edificante. Oscurantista y desabrido. La historia lo recogerá de esa manera: ahora porque un pleno fue interrumpido para que los ediles acudieran a un acto de Carnaval. Ellos sabrán. De momento, se han ido de murgas.

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