José Peraza
Hernández
Recuerdo que,
en una mañana del mes de agosto de 2024, al despertar, la noticia comenzó a
correr de boca en boca y se extendió rápidamente por las redes sociales. Era
una información difícil de asimilar, tan dura como inesperada. Costaba creer
que hubiera fallecido el querido realejero Esteban Domínguez Hernández,
un hombre muy apreciado por todos.

Esteban era una persona ampliamente conocida, no solo en Los Realejos, sino también en numerosos rincones de Tenerife. Su nombre estuvo siempre ligado al mundo de la cultura, la historia y los medios de comunicación. Durante décadas desarrolló una intensa labor como investigador y divulgador, dedicando gran parte de su vida a rescatar y difundir la memoria histórica, las tradiciones y las costumbres del municipio que lo vio nacer.
Su legado bibliográfico constituye hoy un auténtico patrimonio para Los Realejos. Entre sus obras más destacadas se encuentran Apuntes Realejeros, Vivencias Realejeras, Misceláneas Realejeras, Los Realejos por la senda de la historia más reciente y, como coautor, Los Realejos de ayer y hoy. Libros que permanecerán para siempre como una valiosa fuente documental para las generaciones presentes y futuras.
Tuve la enorme fortuna de compartir con él una sincera amistad. Esa relación fue creciendo con el paso de los años hasta el punto de colaborar juntos en la publicación de dos libros. Además, cada semana tenía el detalle de enviarme los artículos que remitía al periódico El Día, así como otros escritos destinados a mi Diario del Valle. Aquellas conversaciones, su generosidad y su constante disposición a compartir conocimientos son recuerdos que conservaré siempre con enorme cariño.
Sin embargo,
su verdadera pasión siempre fue la historia. Investigó, escribió y recopiló
innumerables datos con el firme propósito de que la memoria de Los Realejos no
se perdiera con el paso del tiempo. Gracias a su esfuerzo y constancia, dejó un
legado cultural de incalculable valor que seguirá iluminando el camino de
quienes deseen conocer el pasado de nuestro municipio.
En agosto de
2024 nos dejó físicamente, a los 79 años de edad, pero su obra, su
ejemplo y su recuerdo permanecen vivos entre todos aquellos que tuvimos el
privilegio de conocerlo. Hoy, cuando se cumple un nuevo aniversario de su
partida, su ausencia sigue sintiéndose profundamente, aunque también permanece
el consuelo de saber que dejó una huella imborrable.
Estoy
convencido de que, desde el cielo, continúa observando con la misma serenidad y
el mismo amor por la tierra que tanto quiso. Allí donde esté, seguirá siendo el
cronista incansable de la historia y de la memoria de Los Realejos.
Querido amigo Esteban, nunca te olvidaremos.
Te envío un
fuerte abrazo y un sinfín de besos al cielo.
Está semana,
te publicare algunos de artículo que tengo por aquí, en tu memoria.
Hasta siempre, amigo. Descansa en paz.
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