Bienvenidos al Diario del Valle

SEARCH

sábado, 2 de diciembre de 2017

TRAZOS BIOGRÁFICOS DE JOSÉ SIVERIO PÉREZ

Javier Lima Estévez. Graduado en Historia por la ULL

El municipio de Los Realejos representa el lugar de nacimiento de diversas personalidades cuyas trayectorias han destacado más allá de sus fronteras. En tal aporte se incluye sin lugar a dudas el nombre de José Siverio Pérez, polifacético realejero que nació el 29 de noviembre de 1928. Hombre cercano y de profundo conocimiento en el ámbito de la religión, el periodismo, la investigación y la historia; persona entregada al sacerdocio y conocedor y protagonista de muchos acontecimientos de notable importancia en nuestro territorio, es el cuarto de seis hermanos del matrimonio formado por Rafael Siverio Díaz y Carmen Pérez y Pérez Achard. Tras su primera formación entre el Valle de la Orotava y La Laguna accede en 1942 al Seminario Diocesano para iniciar los estudios eclesiásticos que concluiría en 1952, siendo ordenado el 4 de mayo de tal año. Junto a su recordado hermano Andrés tendría una participación incalculable en la reorganización de la histórica Banda de Música La Filarmónica de Los Realejos, tras el fatídico incendio que destruyó el convento ubicado en la zona de San Agustín donde ensayaban. En ese ámbito de la música obtendría una esmerada formación con maestros que poco a poco le fueron inculcando conocimientos en tal parcela. En octubre de 1956 se trasladaría a Madrid para hacer su ingreso en la Escuela Oficial de Periodismo, donde cursaría  los  estudios  de  Periodista  hasta  obtener  el  título oficial en 1959.

Director de la recordada emisora La Voz del Valle, Radio Popular de Güímar, etapa en la que sería nombrado como nuevo director de la Radiodifusión Católica de la provincia, tras las directrices expuestas por el Vaticano. Su siguiente etapa profesional se desarrollaría en la Radio Popular de Tenerife (Cope) en La Laguna, durante veintisiete años, recogiendo el esfuerzo de esos años en diversas distinciones y reconocimientos a su labor y obra.

Como  periodista y escritor,  José  Siverio  ha  publicado a lo largo de estos años numerosas publicaciones en diferentes diarios de las islas, remontándose sus primeras colaboraciones a su formación en el Seminario, tal y como ocurriera con Horizontes.

En 1959 publicó en Madrid un relato novelado titulado Un pueblo cualquiera. Una obra en la que José Siverio describe la vida de un cura que llega a una aldea, siendo característico del relato su “estilo, sencillez, descripción y emotividad”, tal y como describiera Juan Capote.

Durante la última sesión del Concilio Vaticano II acompañó como teólogo-asesor al obispo Luis Franco Cascón. Como resultado de esa labor sería autor de unas cincuenta crónicas que aparecieron con gran frecuencia en el periódico La Tarde entre los meses de septiembre a diciembre de tal año.

En 1976 logra el prestigioso premio Viera y Clavijo de literatura e investigación con un trabajo bajo el título Los Conventos del Realejo, con el lema “Gordejuela”, siendo publicada tal investigación un año después. Ese mismo año, iniciaría una serie de colaboraciones en el periódico Diario de Avisos.

Participaría en 1977 en un acto como homenaje a los nueves seminaristas fallecidos a  largo de la historia de un centro que conmemoraba los cien años de su existencia. José Siverio sería el encargado de organizar y cerrar el acto, siendo también hermano de uno de los homenajeados.

Tan solo un año después a la obtención de tan prestigioso galardón, José Siverio celebraría junto a siete presbíteros tinerfeños sus bodas de plata sacerdotales.

Desarrollaría una labor de gran importancia en la reconstrucción de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Los Realejos, siendo el encargado de organizar y presidir la comisión encargada de la restauración de tal espacio religioso.

No cabe duda del papel tan importante que el padre Siverio ha desarrollado en la creación y restauración de numerosas imágenes religiosas. Un quehacer artístico que no ha sido ajeno a numerosos comentarios y elogios desde diferentes ámbitos.

Son, en definitiva, pequeños rasgos biográficos de una gran trayectoria que hemos querido recordar ante la reciente celebración del cumpleaños de José Siverio Pérez. Desde esta sencilla crónica reciba de nuevo nuestra más sincera felicitación. 

EL SOL DE LA INFANCIA

Iván López Casanova

Hace pocas semanas describía Juan Cruz Ruiz con cuánto entusiasmo había subrayado la frase de Albert Camus «el sol que reinó sobre mi infancia me libró de todo resentimiento». Y la quiero transcribir ahora porque se está nublando el tiempo para la infancia, porque en esta sociedad individualista la primera víctima es, sin duda, el niño. Y tenemos que protegerlo para pueda desarrollar su personalidad madura. (Por cierto, pienso que a lo que se refiere Camus es al calor afectivo familiar más que al astro rey).

En este sentido, en su obra Violencia y ternura Rof Carballo incluye un precioso ensayo sobre “Poesía y delincuencia”, donde enfatiza la importancia de que el niño se halle rodeado de una red relacional de cariño estable y de una «urdimbre afectiva» sólida para que se desarrolle en un ambiente de «confianza básica». Sin ella, la persona al crecer «verá el universo o la creación como inextricable laberinto o como caos confuso y la desesperación constituirá, aun en vidas aparentemente equilibradas y tranquilas, una constante amenaza». De nuevo, la necesidad del ambiente familiar que equilibre y sane la personalidad futura.

Pero frente a la ternura, señalaré dos fuerzas que ejercen una gran violencia contra el mundo infantil: el consumismo y la pornografía. Los chicos jóvenes y los adolescentes se caracterizan por la casi exclusiva tendencia a pasarlo bien en todas las situaciones; pues bien, la sociedad abusa de ellos y los marca con su influencia consumista. Respecto a la inflación de lo sexual, afirma Gregorio Luri en Mejor educados que «el encuentro de nuestros hijos con la pornografía en internet está teniendo lugar en torno a los once años».

Por eso, cuidar el ambiente de confianza familiar significa tratar a los niños como niños, educarles sin caprichos, sin que sean el centro de la atención en todo momento; pero también sin abandonos, sin dejarles demasiado tiempo ante el televisor o con juegos de ordenador para que se entretengan, porque les daña, como afirman todos los expertos en educación; y acaban haciéndose perezosos, distraídos e, incluso, viciosos. «Me pongo nervioso o me enfado cuando no puedo o no me dejan navegar», recoge Luri como respuesta de un 30% de jóvenes españoles.

Escuchaba en una conferencia al juez Emilio Calatayud cómo hasta hace poco tiempo cuando los hijos llegaban a casa, sus padres podían respirar con confianza porque ya estaba en territorio seguro. Pero que ahora, al llegar a nuestro hogar y acceder a internet, pueden tener acceso a las corrupciones más brutales en cualquier parte del planeta. «Esto es una droga», sentenciaba en referencia al teléfono móvil para los chicos jóvenes.

Janell Burley Hofmann, madre de cinco hijos, solucionó el problema del móvil con el de trece años haciéndole firmar un contrato: «1. Es mi teléfono. Yo lo compré. Yo lo pagué. Yo te lo presto. ¿A qué soy genial? 2. Yo siempre sabré la contraseña. 3. Sé educado. Coge siempre, siempre, la llamada de mamá y papá. 4. Entregarás el teléfono a mamá o a papá a las 7:30 de la mañana cada día de colegio y a las 9:00 de la tarde durante el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7:30 de la mañana». Y seguían otras cláusulas, hasta dieciocho. Ha sido alabada por muchos pedagogos.

«No se puede creer sinceramente en ningún valor si no se está dispuesto a rechazar su contravalor», nos dice Gregorio Luri con sabiduría. Y esto supone una acción educativa fuerte para construir el amor a la templanza y la sensibilidad ante tantas personas que no tienen ni para comer un plato de sopa, para rechazar el consumismo como verdadero contravalor. También para educar y enseñar a amar con el cuerpo, detestando con sinceridad lo provocativo, lo obsceno y lo pornográfico: sin contemplaciones.

O sea, mimar a la infancia para que le llegue el sol afectivo.

Iván López Casanova, Cirujano General.

Escritor: Pensadoras del siglo XX y El sillón de pensar.      

FLOR DE ESPADA DEL DIABLO

Teresa González                     


Ese olor de azahar
a la entrada…
La Luna con su  belleza
al pasar
Casi se alcanza el paraíso…
Un sueño
ese olor a flor
de espada del
diablo
Respiro y respiro
y cruzo el pavimento 
del angosto camino
Es bello
el olor a luna llena   
el olor a jazmín
a espada de
ángel
Es un sueño
Es paraíso único
en la casa del

infierno. 

SIGO SIN ARMARME DE VALOR PARA MANDARLOS A TOMAR POR CULO

Lorenzo de Ara

Los que menos saben, de toda la vida, son en todo momento los que más quieren opinar. ¿Opinar? Ni hablar. Ellos sentencian. Pontifican. No hay más verdad que la verdad del menda lerenda.

En mi trayectoria profesional, siempre hundida en el fracaso continuo, he conocido a innumerables fantoches que saben más que el resto de la humanidad. Ellos, solo ellos, tienen la solución para todos los problemas. Ellos tienen, creo, un librito mágico donde según la página que abran, encuentran la solución para, por ejemplo, el paro, la precariedad laboral, la corrupción, la contaminación, la pobreza, la violencia del hombre contra la mujer, hasta hallan el remedio para que la sociedad no tenga que soportar por más tiempo al jubileta que da la vara porque no tiene otra cosa que hacer, que estar en muchos lugares para decir estupideces y repetir como un loro las constantes diatribas del locuaz espantapájaros.

Los hay también que escriben enrevesadamente y no están jubilados. Un servidor se cansó de oír la voz de un hombrecillo así, el cual hablaba exclusivamente para que seres de otro universo paralelo le escucharan y se asombraran de que en este planeta existiera un ser inteligente y ponderado en sus acciones.

Luego están los que se presentan a las elecciones bajo unas siglas políticas prometiendo el todo, pero el todo absoluto. Le dicen al pueblo que ellos traen en la cartera millones de euros, que, en dos días, a lo sumo tres, convertirán en realidad los grandes proyectos, los pequeños proyectos, los microscópicos proyectos, e incluso las ensoñaciones de un pobre diablo que sólo pide un trabajo donde ganar dinero suficiente para mantener a su familia con dignidad.

 Hacia este tipo de gentuza profeso un probado asco. Intento combatirlo con hipocresía y la necesaria sobredosis de cobardía, la cual se ha convertido en el santo y seña del firmante.

Pero hay días que no puedo con ellos. Sobre todo, cuando están en mi pueblo. Aprovechan todos ellos las redes sociales para desahogarse.  En ese vertedero oficial de desechos humanos predican la verdad que les hará grandes. Chorradas y mentiras. De todos los asuntos dan su opinión. Carecen de información, pero eso es lo de menos.  A todo dicen que no. El no por bandera. ¿Por qué? Porque ellos, jubiletas, fracasados de la política, gente de fuera que nunca será de aquí, ellos, sin leer, sin buscar información veraz, siempre están con la puta monserga.

Con ellos todos viviríamos mejor. Siempre y cuando asumiéramos que habría que poner en práctica lo que dicen.

Yo no les hago ni puñetero caso, aunque reconozco que soy culpable, porque sigo sin armarme de valor para mandarlos a tomar por culo.

LA PLAYA JARDÍN, BARRIO PORTUENSE DE PUNTA BRAVA. LO QUE VA DE AYER A HOY (II)

Agustín Armas Hernández

TERMINADO el trecho de angosta carretera, guarnecida de altos y gruesos muros, que comenzando en la explanada del cementerio concluía frente a la entrada del castillo de San Felipe, el panorama se abría en forma de abanico. El espacio se hacía libre y el aire parecía otro. Llegado a ese estratégico lugar una ráfaga de aire marino, con olor y sabor a yodo y sal, nos llegaba del cercano mar océano, que, con toda su magnificencia se divisaba a nuestra derecha. En frente, a lo lejos, simulando un diminuto portal de Belén, se distinguía el pintoresco caserío de Punta Brava. A la izquierda el espléndido platanal de los hermanos Fernández. A continuación, el barranco de San Felipe que, frente a nuestra vista, cruzando de sur a norte, en los inviernos lluviosos de cumbre y mar borrascosos, fundían sus agitadas y turbulentas aguas en un abrazo sin fin. Esto sucedía y sucederá, aunque ahora no llueva con tanta intensidad, en la playa del Castillo, donde dicho barranco tiene su desembocadura. Hoy la playa, con la remoción efectuada en la zona, ha quedado incorporada a la pléyade allí existente, formando parte integrante de la denominada «Playa Jardín». Más... prosigamos nuestro itinerario.  Al cruzar el badén del barranco de San Felipe, siempre en dirección a Punta Brava, nos encontrábamos, frente mismo, el portalón, con barrotes de hierro, por donde los camiones entraban a recoger las piñas de plátanos de aquella grandiosa y exuberante finca de la Vda. de Machado.

Siguiendo otro tramo de carretera, a unos cien metros aproximadamente, nos tropezábamos con el empaquetado de plátanos de don Juan Galán. En este punto terminaba la finca antes mencionada y comenzaba la de este último personaje citado. Frente al empaquetado de plátanos, que, precisamente miraba al mar, terminaba la pedregosa playa del «Castillo» y empezaba la de la «Lajeta».

 Antes de seguir el siguiente tramo, cabe un inciso para concentrarme en una anécdota protagonizada por uno de los personajes más populares del Puerto de la Cruz, ahora fallecido: Orlando Hernández «El Sereno». Helo a continuación: en aquellos años, década de los cincuenta, existía en la playa de la «Rajeta» una caseta donde vendían refrescos, bocadillos y, también, vino tinto. La cantina la regentaba don Pepe Marrero «El Mocoso», también hace unos años fallecido, personaje que junto al protagonista principal era muy querido en nuestra ciudad, el Puerto de la Cruz. Pues bien, se acercaba «El Sereno» algo tambaleante, y no precisamente por los efectos del viento reinante, sino más bien, como consecuencia de los efluvios etílicos. Llegado a la caseta, con la simpatía que le caracterizaba, le dice con énfasis al cantinero: —«Cantonero» póngame un vaso de vino. Pepe, conocedor del panorama a la vista, le pregunta: — ¿Tienes el dinero para pagar? Contéstale el «Sereno»: —Precisamente venía pensando en que me olvidé la cartera en casa, pero... te lo pagaré a la tarde. — ¡Ni hablar! Primero el dinero y después el vino. El «Sereno», que tenía ojos pequeños y mirada profunda y penetrante, le replica: — ¡Qué «cacaño» eres, te juro por mi hermano que está en el cementerio que te lo pagaré!


Mas Pepe le contesta: si no hay «tintines» no hay vino. Replícale nuevamente el «Sereno»: —Pero... Pepe, te juro por mi hermano Pancho, que está en el cementerio, que a la vuelta te lo pago. La disputa era seguida por dos señoritas, foráneas, que muy cerca de la caseta tomaban el sol, y, además, por un primo hermano del «Sereno», y ambos, a la vez, del que esto escribe, llamado Benigno Avero Hernández «El Caboso». También fallecido.  Las jóvenes se lamentaban diciendo: — ¡Qué pena! Se ve que el hombre tiene intención de pagarle el vaso de vino, puesto que jura por su hermano muerto y enterrado en el cementerio. Benigno, Avero, sonriente más atento a las lamentaciones de las féminas que hasta ese momento, relajadamente, se bronceaban al sol, les aclara: —No, no es que esté muerto y enterrado en el cementerio, sino que trabaja como sepulturero en el Campo Santo. Con la aclaración de Avero, la pena de aquellas señoritas se convirtió en alegría, y, más tarde, en fiesta en todo el Puerto de la Cruz cuando se comentó lo ocurrido en la caseta de la «Lajeta» y la ocurrencia que tuvo el «Sereno» para lograr que Pepe le sirviera el vaso de vino. Pero prosigamos nuestro camino. Cien metros adelante nos encontrábamos con el mirador que, frente mismo a la entrada de la finca y mansión de D. Juan Galán, servía para el descanso a los viandantes que se dirigían hacia o desde Punta Brava al centro del Puerto de la Cruz. En semicírculo era el mirador desde donde se divisaba, en lindo panorama, el caserío de dicho barrio portuense, y de su litoral. En este punto una lengua rocosa ponía término a la playa de la «Lajeta» y comenzaba la de la «Arena o Grande». A partir de aquí la carretera se hacía serpenteante y cuesta arriba. Un parapeto de piedras y cemento, de unos ochenta centímetros de altura, servía de protección al caminante. La altura que tomaba la carretera en este tramo, en relación a la playa, era aproximadamente de unos 20 metros. Esto propiciaba que, desde lo alto, se contemplara la playa en toda su magnificencia y, además, a los bañistas zambulléndose o tomando el sol en diminuta estatura. El tránsito rodado en aquella carretera solitaria e inhóspita, donde en sus aledaños sólo crecían «lloronas» y «magarzas», era casi nulo. Los lagartos del lugar que dormían al sol, o cruzaban la calzada de lado a lado, eran sólo perturbados por el paso de los dos únicos coches que existían en Punta Brava: el de D. Víctor Machado y el de D. Juan Galán, y además por algún que otro camión que iba y venía a las fincas de estos señores a recoger los plátanos para llevarlos al empaquetado. Por la nube de polvo que dejaban a su paso estos vehículos, podíamos deducir, a lo lejos, los bañistas, cuándo se trataba de un coche o de un camión el que partía o venía desde o hacia Punta Brava. De forma que, si era un coche sabíamos que alguno de estos personajes, o miembros de su distinguida familia, se desplazaba al puerto o regresaba a su hogar.


Otro de los vehículos, aunque de tracción animal, que dislocaban la paz de aquel paraje, era el carruaje de D. Domingo «El Fatiga» que cargado con la basura se desplazaba desde el Puerto a Punta Brava, donde en sus aledaños, en aquel entonces, se encontraba ubicado el vertedero municipal de basuras.

Téngase en cuenta que en aquellos años ni había mucha basura que transportar ni don Domingo «El Fatiga» se daba mucha prisa en llegar. El Puerto de la Cruz era otro, ahora lejano y añorado. Por tanto, en realidad, aquel animal, cansino, que arrastraba el carro de la basura, ni levantaba polvo del camino ni hacía mucho ruido al desplazarse. O sea, que los lagartos tenían asegurado su aletargado sueño y su libre caminar por la carretera.


El último tramo de camino nos acerca a Punta Brava.

 A la izquierda el platanal de D. Víctor Machado, con su gran portalón que servía también de entrada a su casa. La finca de este personaje ha desaparecido y en su lugar ha surgido el «Loro Parque», institución lúdica ecológica, donde se puede disfrutar de infinidad de espectáculos de variada índole.
La carretera terminaba frente mismo a la finca del señor últimamente citado, aunque continuaba algo más estrecha hacia el lugar denominado «El Burgado».


 Hemos llegado a Punta Brava. El caserío es pequeño: una veintena de casas, la mayoría de ellas sin encalar, asentadas sobre una lengua volcánica-rocosa que se introduce, provocativa, desafiante, en el mar océano del norte tinerfeño, rincón, en aquel entonces aislado del centro poblacional portuense, pero en la actualidad integrado totalmente en el mismo. A nuestra derecha una vereda estrecha bastante inclinada y resbaladiza nos conducía a la playa «Grande» y «Chica», ambas de arena negra y fina. Muchos revolcones me dieron las olas de aquellas playas que con mucha fluidez, nervio y empuje llegaban, y llegan a pesar de la remoción, a la orilla. A esa ribera marina solíamos acudir, a bañarnos, de niños y de jóvenes, grupos de ranilleros en aquella época en que Punta Brava dormía el sueño de los tiempos. La orilla que lamía el mar, con su ímpetu temperamental, sobre todo en invierno, propiciaba que, desde la primavera hasta el final del verano, las playas de Punta Brava, y las del Puerto de la Cruz en general, permanecieran limpias y sus aguas transparentes. Esto las hacía atractivas y apetecibles al baño y a tomar el sol.

Tendido en la arena, mirando hacia la punta de aquellos afilados peñascos de la «Brava» actual Punta Brava, pensaba, una vez, en cómo sería el ya lejano naufragio del barco noruego «Titlis» que, en la madrugada del 11 de diciembre de 1910, concretamente a las cinco de la mañana, un afilado arrecife rasgó su vientre, dejándolo mortalmente herido. Ensimismado en este pensamiento, inconscientemente lancé un grito desgarrador que cruzó el espacio etéreo rumbo a no sé dónde. Al mismo tiempo, un ramo de algas recién cortadas del lecho marino, me fue lanzado desde la orilla por una sirenita que, juguetona, había llegado a la playa. Ello me sacó del embeleso en el que el tibio ambiente me tenía sumido.

EL DEPORTE LOCAL, BAJO MÍNIMOS

Salvador García Llanos

En el curso de una comparecencia en Gente Radio, en directo, días pasados, invitación de Gregorio Dorta, para hablar de viejos tiempos y de apreciaciones de la actualidad deportiva, surgen las demandas y las quejas de los oyentes. La situación del deporte en el municipio, principalmente en lo que concierne a las instalaciones y ayudas a los equipos de base, es objeto de preocupación e inquietudes por lo que pudo constatarse.

Respondimos de la forma que nos pareció más consecuente: los problemas de la gestión deportiva no son fáciles de resolver cuando  escasean los recursos. Pero mucho menos cuando hay un gobierno que no es sensible o no dispone de un modelo o proyecto con un mínimo sostén para saber qué es lo que quiere hacer y hasta dónde puede llegar. Por eso, tratamos de encontrar un punto de equilibrio en la actuación del concejal, que tiene sus responsabilidades, sin duda, pero no es el único. Si falta lo elemental, ese modelo al que nos referimos, y si no hay arropamiento, es difícil desarrollar con provecho los objetivos que se trata de alcanzar. Que falta saber cuáles son, por cierto.

Escuchando los testimonios -todos de queja, prácticamente-, la realidad es que parece haberse abierto una vía de descontento e insatisfacción. Lo más inquietante es no saber qué va a pasar en un futuro a medio y largo plazo. A corto, se tratará, suponemos, de parchear y salir del trance. Por ahora, se constata que está bajo mínimos.

Preguntan, por ejemplo, por la situación de la antigua piscina deportiva municipal, instalaciones abandonadas que dan opción a publicaciones fotográficas periódicas en alguna red social. Claro, a la espera de que comiencen las obras de un proyecto promovido por el Cabildo que hará del recinto un centro insular de tecnificación deportiva acuática, la situación del recinto es un compendio de visiones negativas en medio de la desia. Recordemos que hubo que desalojar a okupas. Hasta alguna peligrosidad física sigue representando el actual aspecto. Extraña que todavía haya personas que crean en una solución intermedia, cuando la inundación de la sala de máquinas hacía inviable la continuidad. Dijimos que lo preocupante o lo que más interesa es el porvenir, a saber, el carácter futuro de esa instalación, si el Cabildo pasa a ser titular, cómo se regulará el funcionamiento de la instalación, qué administración habrá de abonar un cánon anual a la Demarcación de Costas (se dice que setenta mil euros anuales), qué opciones restan a los diezmados clubes locales que han tenido que emigrar a otras localidades... Ese es el debate, o lo que hay tratar. Nos parece. Y si es posible ahora tener un cuidador o vigilante y hacer un mínimo adecentamiento para sortear la tentación fotográfica de denuncia, mejor.

Una señora dice que está cansada de que su marido se queje constantemente de que no hay dinero para el club infantil de fútbol al que está ligado. Es la expresión desesperada de la escasez de ayudas públicas, para algunos equipos básicas con tal de llegar a final de ejercicio en las competiciones. Son cortas y llegan tarde, cuando llegan, dice. Volvemos a lo del modelo y a las previsiones: ahí sí que debe moverse el concejal-delegado, sobre todo después de que algunos compañeros del gobierno local hablasen no hace mucho del saneamiento de las cuentas municipales.

Otro oyente del programa de Gregorio Dorta dice que es una lástima que se hayan llevado al sur un torneo de fútbol de promesas, promovido por la fundación José Ramón de la Morena, disputado el pasado año en El Peñón. Nuestra respuesta, después de ponderar los aspectos positivos de promoción y demás, es que no pasa nada por ese cambio de escenario: que lo preocupante es lo del párrfafo anterior, que los equipos de las categorías de base locales no sepan con qué ayudas públicas van a contar, que haya dirigentes que se quedan en el camino porque, en su voluntarismo y en sus capacidades, todo tiene un límite, que los niños, en fase de aprendizaje, se sientan poco atendidos y estimulados hasta el punto de que prefieren practicar otros deportes. Y que tengan que entrenar y jugar en un campo mal mantenido que además es insuficiente. Eso es lo que verdaderamente debe preocupar, por muy atractivo y por muy televisado que sea un torneo de promesas.

En fin, respetables testimonios que reflejan la inquietud y la sensibilidad ante el hecho deportivo local que requieren, por parte de los responsables, de determinaciones más firmes y concretas. Pocas canteras como la futbolística portuense. Pero, con esta realidad, la más desaprovechada, posiblemente.

VENEZUELA EN LA SED VIAJERA DEL MUNDO

Antonio-Pedro Tejera Reyes

“El turismo es el primer sector de exportación del mundo. Es el que más ingre-sos reporta por ese concepto, y da trabajo a millones de personas en todo el mundo, de forma directa e indirecta… mejorando la vida de las personas y fomentando el entendimiento entre todos los pueblos del mundo.” OMT.

 EXCEPCIONAL OPORTUNIDAD ÚNICA PARA SU DESARROLLO


 Jají, el pueblo andino de Mérida, una joya como atractivo turístico en Los Andes venezolanos. 

EL CASO VENEZUELA

Llevamos muy cerca de cincuenta años, escribiendo y publicando, sobre las posibilidades turísticas de Venezuela y su forma de aprovecharlas y desarrollarlas, para que se haga posible la prédica de la Organización Mundial del Turismo, OMT: El Turismo es riqueza para la persona, para la familia, para la comunidad, para el mundo entero.

Con este mismo título – Venezuela en la sed viajera del mundo – publicamos hace ya muchos años (1971), con motivo de la celebración en este país del congreso anual de la Confederación Latinoamérica-cana de Organizaciones Turísticas, COTAL, un extenso artículo donde resaltábamos los valores turísticos del país, y analizábamos las condiciones que en ese entonces tenía, para aprovechar esa corriente mundial incipiente, que hoy es una imparable realidad, como recoge la propia OMT en su sobresaliente llamada que hemos calificado como prédica. Claro está, que ni las condiciones socio-económicas, técnicas y culturales, son ahora las mismas de aquel entonces, ni nuestro conocimiento, tanto de las técnicas turísticas, como de este país, pueden compararse con las que hoy nos ilustran.

Unos conocimientos entonces de lo que podía ser el turismo futuro y de sus consecuencias, se basaban en predicciones que algunos eminentes estudiosos del tema se atrevían a diagnosticar, como Fernández Fuster, Haulot, Berneker, Priklir y su animación turistique, etc., e incluso con la visión política de Fraga Iribarne. Hoy, todo eso ha quedado en el pasado. Un cúmulo de experiencias, de éxitos y fracasos, sellan un conocimiento que fundamentan la existencia de un grupo de expertos que pueden valorar los recursos turísticos de un país y las estrategias que hay que ejecutar para ponerlos en movimiento en su beneficio, siguiendo unas bien estudiadas pautas directivas analizadas en La Cumbre de la Tierra - Río de Janeiro, Brasil 1992 – y, sin ir más lejos, las orientaciones, recomendaciones y consideraciones, que se contemplan en las directrices emanadas desde la citada OMT, sobre el turismo sostenible para el desarrollo, que este año se celebra con señalado éxito proclamado por la Naciones Unidas.

Las construcciones características de origen alemán, ponen la nota de color, en los más diversos rincones de La Colonia Tovar, a pocos kilómetros de Caracas, como un ejemplo de la laboriosidad de sus habitantes y del ancestro de su país., Alemania, un reducto de una emigración europea que ha sabido conservar todo el sabor de su origen. Un atractivo turístico más del país venezolano.

UNOS ANTECEDENTES ILUSTRATIVOS

Tampoco nuestro conocimiento sobre Venezuela, tiene nada que ver con el que podíamos ostentar en aquellos lejanos tiempos, pese a haber asistido ya, en esas fechas, a una convención nacional del turismo, o haber recorrido algunos cientos de kilómetros de sus carreteras conociendo Caracas, Barquisimeto, Margarita, algo del Estado Monagas, y muy poco más.

Hoy podemos presumir de haber recorrido el país de punta a punta, desde los caños de Tucupita hasta la Península de Sinamaica, o desde las cumbres de Mérida, en las fronteras colombianas, hasta la Península de Paraguaná, los litorales de los estados orientales, Sucre, Anzoátegui… o los occidentales de Falcón o Zulia. Toda una teoría de miles de kilómetros en un territorio que es el doble que España, y que muy buena parte hemos recorrido al volante de un “carro”, en el transcurso de muchos días de carretera con lluvia, con sol, fuertes tormentas, y hasta en algún señalado caso, con la presencia de un huracán.

Un conocimiento del país que nos dio para preparar y desarrollar unos programas turísticos de temporada que realizamos con singular éxito a pesar de lo incipiente que era el tema, y que, debido al deficiente equipamiento que se disponía en el país en aquellos años ochenta del pasado siglo, nos hicieran desistir de nuestro empeño en desarrollar un turismo moderno en aquellos tiempos.

El mundo, la comunidad mundial, sus apetencias y su calidad de vida, así como las situaciones coyunturales han cambiado totalmente. Ni tan siquiera se parecen a las que existían en aquel entonces.

La coyuntura actual que se le presenta hoy a Venezuela, es comparable a la que fue capaz de levantar a España, en los años sesenta-setenta de pasado siglo, donde, con una inversión similar a la que emplearon los EE.UU. con su célebre Plan Marshal, para reconstruir toda Europa después de la destructora II Guerra Mundial, generada por el turismo, se consiguió resolver el problema del empobrecimiento de toda la nación., devastada por la guerra civil española 1936-1939.

La base para que España se consolidara como el primer destino turístico del mundo en aquella época, se sustentaba en la seguridad física de las personas, y en los precios. No había que analizar mucho, era una realidad más que evidente muy fácil de confirmar. Historia, playas, nieve y montañas, había de sobra en toda Europa, pero esa seguridad física que señalamos y los precios de los alojamientos, las comidas, los servicios, etc., que ofrecía España, eran insuperables.

Con una agresiva política de promoción turística y unos lineamientos muy bien conformados por el Ministerio de Información y Turismo español, se consiguió lo que el escritor y profesional turístico Ángel Palomino, concretó en su “best seller”, El Milagro Turístico Español.


Una espectacular visión de la espléndida Laguna de Mucubají, en Los Andes merideños, uno de los muchos elementos naturales de las posibilidades turísticas de Venezuela

VENEZUELA EN LA ENCRUCIJADA

Hoy Venezuela puede ofrecer unos precios sin competencia al mundo del turismo. Una situación que se prolongará en un tiempo indefinido, y que hay que aprovechar para cumplir con los designios que nos plantea la OMT: riqueza para la persona, para la familia, para toda la comunidad…  Frente a esto tenemos el flagelo de la inseguridad que está asolando al país. Se trata simplemente de resolver esa cuestión, sin más aditivos. El aumento de la productividad interna, del comercio, la recuperación de la industria, etc., etc., etc.,  serán una consecuencia de la oferta de una total seguridad física interna, que producirá, sin ningún lugar a dudas, un desarrollo armonioso en toda su población que podrá así desarrollar su potencial humano con todas las garantía posibles apoyadas en las inmensas riquezas que el país posee en toda la vasta extensión de su territorio, y en su potencial humano fundamentado en el crisol de razas que, no solo han dado las mujeres más bellas del mundo, sino un plantel de notables ejecutivos hombres y mujeres de ciencias, cultura, economía, política, etc., hoy constreñidos y faltos de la ilusión y el estímulo necesario para apoyar el desarrollo del país.

La situación la tenemos clara. No tiene vuelta de hoja. La experiencia nos lo dice todo, y el notable ejemplo que señalamos, no está oculto: está ahí., en un país tradicionalmente de emigrantes durante todos los siglos de su existencia, España, convertido hoy en todo lo contrario gracias al beneficioso impulso de la corriente turística mundial que crece de una forma espectacular, rompiendo año tras año, las más optimistas predicciones.

Mas de una vez hemos escrito y difundido por el mundo entero la frase, “Venezuela tiene con que” la cual significa que, sin menospreciar a nadie, esta tierra de gracia, tiene los recursos necesarios para apoyar el nacimiento de una corriente turística que servirá para activar su nivel de vida, su capacidad productiva y el bienestar socio-económico de sus habitantes.


Espléndida fotografía del Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo, en el Parque Nacional de la Gran Sabana, en medio de los tepuyes del inmenso escenario natural.

UNA IMAGEN VALE MAS QUE MIL PALABRAS

Las bucólicas imágenes de los tupuyes, los parques nacionales de La Gran Sabana, del Guácharo, Henri Pittier, Sierra de la Culata, Los Roques, Morrocoy, Mochima, etc., etc., compiten en la temática de la atracción turística de la naturaleza, con las reliquias históricas de los lugares ciudades y pueblos que conservan las señales de un pasado que ejercen un especial atractivo turístico-cultural que, si bien en un pasado reciente dirigía sus pasos hacía las ruinas de Grecia, Italia, Turquía, etc., ahora tiene puesta la mirada en nuestra América, donde Venezuela tiene mucho que ofrecer, signado por la figura de El Libertador, Simón Bolívar, y toda su brillante campaña de emancificación  e independencia de América. Una auténtica realidad, que Venezuela puede ofrecer al mundo entero, y que forma parte de un acervo histórico, donde hasta la Cuadra de Bolívar tiene su protagonismo, en esa Caracas tan pródiga en la cruzada de la independencia de América, llena de señalados pasajes que sirven hoy para desarrollar unos perfectos programas turísticos que bien gestionados, serán, sin la menor duda, parte fundamental de la incorporación de todo el país a la llamada “revolución social de nuestra época”: EL TURISMO.


Las impresionantes playas de Isla de Plata, en el Estado Anzoátegui de Venezuela, son uno de los grandes modelos de los exuberantes recursos turísticos del país, para su versión de “sol y playa”.

Un triunfo que todos esperamos con la impaciencia propia de a quienes se nos van pasando los años, y que sabemos está reservado para los mejores, los que saben entender lo que es la convivencia, la comprensión, el respeto, la justicia y la razón.

El teleférico más alto del mundo, un atractivo de incalculable valor para el desarrollo del turismo en Venezuela, imagen protagonista del Estado Mérida, en la Cordillera de Los Andes.

Servir es mi ocupación. AMEN.


 (Del Grupo de Expertos de la Organización Mundial del Turismo, de las Naciones Unidas. ONU).