Bienvenidos al Diario del Valle

SEARCH

domingo, 13 de septiembre de 2026

ÚLTIMO CARPINTERO DE LA VERA

José Peraza Hernández

Hablar con nuestros mayores es adentrarnos en una parte de nuestra historia que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de desaparecer. Sus recuerdos, sus vivencias y sus testimonios constituyen una verdadera memoria viva de nuestros barrios y de nuestras gentes.

En esta ocasión hemos tenido la oportunidad de conversar con un vecino muy querido del populoso barrio de La Vera, en el municipio de Puerto de la Cruz: don Urbano Hernández Armas, nacido el 19 de diciembre de 1932, quien ha dedicado buena parte de su vida al oficio de la carpintería.

SUS RAÍCES MAJORERAS

Don Urbano lleva en su sangre profundas raíces majoreras. Su padre, don Máximo Hernández Cabrera, nació en Corralejo, Fuerteventura, el 22 de febrero de 1908, y fue hijo legítimo de don Lorenzo Hernández y doña Juana Cabrera, naturales de Corralejo.

Por la línea paterna, sus abuelos fueron don Santiago Hernández y doña Balbina Méndez, mientras que por la línea materna lo fueron don Manuel Cabrera y doña Josefa Vera Hernández, estos últimos naturales de Yaiza, en la isla de Lanzarote.

Según consta en la documentación parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria de La Oliva, en Fuerteventura, sus raíces familiares permanecen vinculadas a aquella tierra majorera. Fueron sus padrinos don Juan Ponte y doña Balbina Martín Ponte.

Su madre, doña Carmen Armas Villavicencio, era natural de La Vera, en Puerto de la Cruz.

UNA INFANCIA ENTRE CAMINOS Y PLATANERAS

Cuando preguntamos a Urbano cómo fue su niñez en aquellos años, su respuesta nos transporta inmediatamente a una “La Vera” muy diferente de la que hoy conocemos.

«Allí no había nada; solamente el camino y las fincas de plataneras», recuerda.

Eran tiempos en los que los niños jugaban con los pocos vecinos que había en la zona, muchas veces descalzos y con una pelota como único entretenimiento. Una infancia humilde, pero llena de recuerdos que Urbano conserva todavía con gran claridad.

Fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, en Puerto de la Cruz.

LOS AÑOS DE ESCUELA

Sus primeros estudios los realizó en una pequeña escuela situada en el lugar conocido como La Campana. Allí recuerda a varios de los maestros que pasaron por aquellas aulas: don Antonio Velázquez, don José Manuel Padrón, don Francisco Machado y, posteriormente, don Benjamín Afonso.

También asistió a una escuela particular situada en Las Cabezas, donde impartía clases doña Concepción Pérez, hija de don Santiago Castilla, quien fuera sacristán de la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia.

Urbano recuerda asimismo que en la calle Nueva existía otra escuela, aunque él no podía acudir a ella porque aquella zona pertenecía entonces al término municipal de La Orotava.

EL COMIENZO DE UN OFICIO

Pero si hay una parte de su vida que merece especial atención es la forma en que llegó a convertirse en carpintero.

En aquellos años, su madre se dedicaba a vender pan, actividad que se conocía popularmente como «el pan de ración». Urbano también colaboraba en aquella tarea.

Recuerda cómo tenían que caminar hasta Puerto de la Cruz para recoger el pan en la panadería de Torren. Después emprendían el regreso: su madre llevaba una cesta sobre la cabeza y él cargaba con una saca.

«Eran tiempos duros», recuerda.

Él se encargaba de vender el pan por la zona de La Cooperativa. En una de aquellas ocasiones llevaba el pan a don Pedro González Estévez, propietario de una carpintería.

Y un día se decidió a preguntarle:

—Don Pedro, ¿por qué no me da trabajo?

Don Pedro se quedó mirándolo y finalmente aceptó.

Así comenzó su vida como aprendiz de carpintero. Empezaba a trabajar a la una de la tarde y permanecía allí hasta las cinco. Durante diez años aprendió el oficio, adquiriendo unos conocimientos que posteriormente le permitirían ganarse la vida por su cuenta.

UNA ETAPA EN EL SUR DE TENERIFE

Después de aquellos años regresó a la zona del sur de Tenerife, concretamente a Guía de Isora, donde sus padres tenían una finca.

Allí trabajó la tierra y cultivó tomates, bubangos, millo y otros productos agrícolas. Todo lo que se sembraba tenía un único objetivo: salir adelante en aquellos años difíciles.

Más tarde regresó nuevamente a su barrio.

CARROCERÍAS Y SERVICIO MILITAR

De vuelta en el norte, comenzó a trabajar en la zona de Los Barros, en Los Realejos, realizando trabajos de carrocería para camiones. La empresa pertenecía a don Rómulo, conocido popularmente como don Pepeto.

Posteriormente llegó el momento de cumplir con el servicio militar. Se incorporó el 22 de junio de 1962, siendo destinado al Regimiento de Infantería 50, en Las Palmas de Gran Canaria.

SU PROPIA CARPINTERÍA

Cuando le preguntamos cuándo comenzó a trabajar por su propia cuenta, Urbano no duda en señalar una fecha:

15 de mayo de 1964.

Ese día alquiló un pequeño local situado en la calle Nueva, junto al puente de La Vera, lugar que en la actualidad lleva el nombre de Paseo El Puente.

Allí permaneció durante muchos años, desarrollando un oficio que conocía profundamente y que se convirtió en una parte fundamental de su vida.

Aunque comenzó su jubilación en 1998, no abandonó definitivamente la actividad hasta el año 2004.

UN CARPINTERO PARA TODO

Urbano nunca fue un carpintero dedicado a un único tipo de trabajo.

Hacía prácticamente de todo: guías de puertas, puertas, ventanas, carrocerías y muebles. Durante nuestra conversación incluso tuvo la amabilidad de enseñarnos el juego de dormitorio que él mismo realizó para su matrimonio.

Cuando le preguntamos por las maderas que utilizaba con mayor frecuencia, recuerda especialmente la ucola, una madera que, según nos explica, tenía cierto parecido con la caoba. También trabajó con riga y pino de Panamá.

Cada pieza llevaba consigo muchas horas de trabajo, conocimiento y paciencia. Era un oficio en el que las manos del artesano eran la principal herramienta.

SU MATRIMONIO Y SU FAMILIA

Hay otra fecha que forma parte inseparable de su historia: el 20 de junio de 1962.

Ese día contrajo matrimonio con doña María Rosa Martín Negrín, en la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria de La Vera, siendo celebrante el entonces párroco don Pedro González Mesa.

De este matrimonio nacieron sus hijos: María Candelaria, Carmelo y Juan Carlos.

Hoy estas líneas adquieren además un significado especialmente emotivo, porque recientemente, el 27 de agosto de 2026, falleció su querida esposa, doña María Rosa Martín Negrín.

Desde estas páginas queremos elevar una oración por su eterno descanso y trasladar a toda su familia nuestro más sentido pésame.

Que descanse en paz.



EL CAMINO CORDOBÉS

Urbano también conserva en su memoria numerosos recuerdos relacionados con la propia configuración del barrio.

El camino donde nació y se crio siempre ha sido conocido como Camino Cordobés. En aquellos años constituía uno de los principales caminos de la zona, comenzando en el límite con Los Realejos, junto al barrio de La Montaña, y prolongándose hasta el lugar conocido como El Salto de Barranco, lindando con Las Cabezas.

Con el paso de los años, la denominación de las distintas zonas fue cambiando.

Desde la Cruz de Don Dámaso hasta la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria se conoce como Piedras Blancas; posteriormente continúa el Camino Cordobés hasta llegar a La Explanada y seguir hasta San Antonio.

¿DE DÓNDE VIENE EL NOMBRE DE CAMINO CORDOBÉS?

Aprovechamos nuestra conversación para preguntarle a Urbano si conocía el origen del nombre de Camino Cordobés.

Y aquí aparece uno de esos pequeños datos que forman parte de la historia oral de nuestros barrios.

Urbano explica que el nombre procede del lugar conocido como La Explanada, donde en aquellos años existía una finca cuyo propietario llevaba el apellido Cordobés. Posteriormente fue propiedad de Doña Mercedes González del Carmen.

Es un dato que queda recogido gracias a su memoria.

Personalmente, recuerdo también que, por aquellos lugares, allá por los años setenta, don Feliciano regentaba una ferretería conocida como «Ferretería La Explanada».

Son pequeños detalles que, unidos, ayudan a reconstruir cómo era nuestro barrio hace varias décadas.

LA FOGUETERÍA «LA ESTRELLA»

La Foguetería La Estrella (también conocida popularmente en la zona como “Pirotecnia La Estrella” o regentada históricamente bajo nombres familiares del sector artesanal) es un punto de referencia tradicional de fuegos artificiales vinculado al barrio de La Vera, situado entre los municipios de Puerto de la Cruz y La Orotava, en la zona norte y posteriormente fue traslada a Buena vista del Norte, de Tenerife.

Finalmente, no quisimos dejar pasar la oportunidad de preguntarle por una antigua foguetería que se encontraba un poco más abajo de las escuelas de La Campana.

Le preguntamos si aquella industria era conocida como «La Estrella».

Urbano nos confirmó que sí, aunque recuerda que entre los vecinos era habitual referirse a ella por los apellidos de sus propietarios: Juan Pacheco y su hermano Cipriano.

Según los recuerdos que nos transmite, aquella foguetería podría remontarse aproximadamente a los años veinte del pasado siglo.

Posteriormente, fue traspasada a los hijos de Cipriano. Al parecer, don Juan no tuvo descendencia, mientras que la actividad continuó pasando de padres a hijos.

Según la información que conserva Urbano, posteriormente esta familia continuó vinculada a la actividad en Buenavista.

Son datos que quizá puedan ser ampliados algún día mediante documentos, testimonios familiares y archivos, pero que hoy quedan recogidos como parte de la memoria oral de La Vera.

UNA VIDA QUE ES HISTORIA

Llegamos al final de esta conversación con don Urbano Hernández Armas, pero no al final de sus recuerdos.

Su vida es el reflejo de una generación que conoció una Vera humilde, agrícola y trabajadora; una Vera de caminos de tierra, fincas de plataneras, escuelas pequeñas, niños descalzos y vecinos que se ayudaban para salir adelante.

Su trayectoria como carpintero representa también la historia de un oficio que durante décadas estuvo presente en nuestros barrios y que hoy, poco a poco, ha ido desapareciendo.

SU COLABORACIÓN CON LOS JÓVENES DEL BARRIO

Como me ha comentado el propio Urbano, al igual que tantos otros vecinos de La Vera, también colaboró activamente, dentro de sus posibilidades, con el desarrollo y las iniciativas de los jóvenes del barrio.

Entre sus recuerdos destaca especialmente su participación en los primeros pasos de aquel grupo de jóvenes que, con el tiempo, daría lugar al Club Nueva Juventud, denominado Nueva Fuerza en sus comienzos.

En aquellos años, cuando los recursos eran escasos, fueron los propios jóvenes quienes pusieron en marcha distintas iniciativas para conseguir los medios necesarios para practicar deporte. Entre ellas, organizaron y vendieron un «fleje» de rifas, con el propósito de recaudar dinero para poder adquirir, al menos, los materiales necesarios.

Fue entonces cuando surgió la colaboración de dos vecinos que aportaron sus conocimientos y su trabajo: Don Urbano Hernández Armas, quien se encargó de preparar los tableros de madera, y Don Vicente Barreto, conocido popularmente como «El Colón», que realizó la estructura de hierro y los aros.

De esta manera, con el esfuerzo conjunto de los jóvenes y la generosidad de vecinos como Urbano y Vicente, se construyeron los que serían los primeros aros de baloncesto del barrio de La Vera.

Un pequeño proyecto que, visto desde la perspectiva de hoy, adquiere un enorme valor histórico, porque representa una época en la que los vecinos se ayudaban mutuamente y, con muy pocos recursos, eran capaces de sacar adelante iniciativas que beneficiaban a toda la juventud del barrio.

Son precisamente estos recuerdos, aparentemente sencillos, los que permiten conocer cómo se fue construyendo la vida social y deportiva de La Vera, gracias al esfuerzo de sus vecinos.

Por eso considero que don Urbano Hernández Armas es, con todo merecimiento, uno de los últimos carpinteros de aquella generación de La Vera.

Quiero agradecerle de corazón que haya abierto sus recuerdos y me haya permitido recoger esta historia.

Porque cada testimonio de nuestros mayores es una página más de la historia de nuestro pueblo. Y estas páginas, si no las escribimos ahora, corren el riesgo de perderse para siempre.

Gracias, amigo Urbano, por compartir conmigo estos recuerdos.

Que esta historia permanezca para seguir decorando el poyo de flores de este populoso barrio de La Vera, de este marinero Puerto de la Cruz.

Espero que, cuando estas palabras lleguen a sus manos, usted y su familia sepan valorar el cariño y el respeto con que han sido recogidas.

Me despido con mis mejores deseos.

Que Dios lo bendiga.

La Vera, de Puerto de la Cruz, a 13 de septiembre de 2026

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario