José Peraza Hernández
Hablar con nuestros mayores es adentrarnos en una parte de nuestra historia que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de desaparecer. Sus recuerdos, sus vivencias y sus testimonios constituyen una verdadera memoria viva de nuestros barrios y de nuestras gentes.
SUS RAÍCES MAJORERAS
Don Urbano lleva en su sangre
profundas raíces majoreras. Su padre, don Máximo Hernández Cabrera, nació en
Corralejo, Fuerteventura, el 22 de febrero de 1908, y fue hijo legítimo de don
Lorenzo Hernández y doña Juana Cabrera, naturales de Corralejo.
Por la línea paterna, sus abuelos
fueron don Santiago Hernández y doña Balbina Méndez, mientras que por la línea
materna lo fueron don Manuel Cabrera y doña Josefa Vera Hernández, estos
últimos naturales de Yaiza, en la isla de Lanzarote.
Según consta en la documentación
parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria de La Oliva, en Fuerteventura,
sus raíces familiares permanecen vinculadas a aquella tierra majorera. Fueron
sus padrinos don Juan Ponte y doña Balbina Martín Ponte.
Su madre, doña Carmen Armas
Villavicencio, era natural de La Vera, en Puerto de la Cruz.
UNA INFANCIA ENTRE CAMINOS Y
PLATANERAS
Cuando preguntamos a Urbano cómo
fue su niñez en aquellos años, su respuesta nos transporta inmediatamente a una
“La Vera” muy diferente de la que hoy conocemos.
«Allí no había nada; solamente el
camino y las fincas de plataneras», recuerda.
Eran tiempos en los que los niños
jugaban con los pocos vecinos que había en la zona, muchas veces descalzos y
con una pelota como único entretenimiento. Una infancia humilde, pero llena de
recuerdos que Urbano conserva todavía con gran claridad.
Fue bautizado en la parroquia de
Nuestra Señora de la Peña de Francia, en Puerto de la Cruz.
LOS AÑOS DE ESCUELA
Sus primeros estudios los realizó
en una pequeña escuela situada en el lugar conocido como La Campana. Allí
recuerda a varios de los maestros que pasaron por aquellas aulas: don Antonio
Velázquez, don José Manuel Padrón, don Francisco Machado y, posteriormente, don
Benjamín Afonso.
También asistió a una escuela
particular situada en Las Cabezas, donde impartía clases doña Concepción Pérez,
hija de don Santiago Castilla, quien fuera sacristán de la parroquia de Nuestra
Señora de la Peña de Francia.
Urbano recuerda asimismo que en
la calle Nueva existía otra escuela, aunque él no podía acudir a ella porque
aquella zona pertenecía entonces al término municipal de La Orotava.
EL COMIENZO DE UN OFICIO
Pero si hay una parte de su vida
que merece especial atención es la forma en que llegó a convertirse en
carpintero.
En aquellos años, su madre se
dedicaba a vender pan, actividad que se conocía popularmente como «el pan de
ración». Urbano también colaboraba en aquella tarea.
Recuerda cómo tenían que caminar
hasta Puerto de la Cruz para recoger el pan en la panadería de Torren. Después
emprendían el regreso: su madre llevaba una cesta sobre la cabeza y él cargaba
con una saca.
«Eran tiempos duros», recuerda.
Él se encargaba de vender el pan
por la zona de La Cooperativa. En una de aquellas ocasiones llevaba el pan a
don Pedro González Estévez, propietario de una carpintería.
Y un día se decidió a
preguntarle:
—Don Pedro, ¿por qué no me da
trabajo?
Don Pedro se quedó mirándolo y
finalmente aceptó.
Así comenzó su vida como aprendiz
de carpintero. Empezaba a trabajar a la una de la tarde y permanecía allí hasta
las cinco. Durante diez años aprendió el oficio, adquiriendo unos conocimientos
que posteriormente le permitirían ganarse la vida por su cuenta.
UNA ETAPA EN EL SUR DE TENERIFE
Después de aquellos años regresó
a la zona del sur de Tenerife, concretamente a Guía de Isora, donde sus padres
tenían una finca.
Allí trabajó la tierra y cultivó
tomates, bubangos, millo y otros productos agrícolas. Todo lo que se sembraba
tenía un único objetivo: salir adelante en aquellos años difíciles.
Más tarde regresó nuevamente a su
barrio.
CARROCERÍAS Y SERVICIO MILITAR
De vuelta en el norte, comenzó a
trabajar en la zona de Los Barros, en Los Realejos, realizando trabajos de
carrocería para camiones. La empresa pertenecía a don Rómulo, conocido
popularmente como don Pepeto.
Posteriormente llegó el momento
de cumplir con el servicio militar. Se incorporó el 22 de junio de 1962, siendo
destinado al Regimiento de Infantería 50, en Las Palmas de Gran Canaria.
SU PROPIA CARPINTERÍA
Cuando le preguntamos cuándo
comenzó a trabajar por su propia cuenta, Urbano no duda en señalar una fecha:
15 de mayo de 1964.
Ese día alquiló un pequeño local
situado en la calle Nueva, junto al puente de La Vera, lugar que en la
actualidad lleva el nombre de Paseo El Puente.
Allí permaneció durante muchos
años, desarrollando un oficio que conocía profundamente y que se convirtió en
una parte fundamental de su vida.
Aunque comenzó su jubilación en
1998, no abandonó definitivamente la actividad hasta el año 2004.
UN CARPINTERO PARA TODO
Urbano nunca fue un carpintero
dedicado a un único tipo de trabajo.
Hacía prácticamente de todo:
guías de puertas, puertas, ventanas, carrocerías y muebles. Durante nuestra
conversación incluso tuvo la amabilidad de enseñarnos el juego de dormitorio
que él mismo realizó para su matrimonio.
Cuando le preguntamos por las
maderas que utilizaba con mayor frecuencia, recuerda especialmente la ucola,
una madera que, según nos explica, tenía cierto parecido con la caoba. También
trabajó con riga y pino de Panamá.
Cada pieza llevaba consigo muchas
horas de trabajo, conocimiento y paciencia. Era un oficio en el que las manos
del artesano eran la principal herramienta.
SU MATRIMONIO Y SU FAMILIA
Hay otra fecha que forma parte
inseparable de su historia: el 20 de junio de 1962.
Ese día contrajo matrimonio con
doña María Rosa Martín Negrín, en la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria
de La Vera, siendo celebrante el entonces párroco don Pedro González Mesa.
De este matrimonio nacieron sus
hijos: María Candelaria, Carmelo y Juan Carlos.
Hoy estas líneas adquieren además
un significado especialmente emotivo, porque recientemente, el 27 de agosto de
2026, falleció su querida esposa, doña María Rosa Martín Negrín.
Desde estas páginas queremos
elevar una oración por su eterno descanso y trasladar a toda su familia nuestro
más sentido pésame.
Que descanse en paz.
EL CAMINO CORDOBÉS
Urbano también conserva en su
memoria numerosos recuerdos relacionados con la propia configuración del
barrio.
El camino donde nació y se crio
siempre ha sido conocido como Camino Cordobés. En aquellos años constituía uno
de los principales caminos de la zona, comenzando en el límite con Los
Realejos, junto al barrio de La Montaña, y prolongándose hasta el lugar
conocido como El Salto de Barranco, lindando con Las Cabezas.
Con el paso de los años, la
denominación de las distintas zonas fue cambiando.
Desde la Cruz de Don Dámaso hasta
la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria se conoce como Piedras Blancas;
posteriormente continúa el Camino Cordobés hasta llegar a La Explanada y seguir
hasta San Antonio.
¿DE DÓNDE VIENE EL NOMBRE DE
CAMINO CORDOBÉS?
Aprovechamos nuestra conversación
para preguntarle a Urbano si conocía el origen del nombre de Camino Cordobés.
Y aquí aparece uno de esos
pequeños datos que forman parte de la historia oral de nuestros barrios.
Urbano explica que el nombre
procede del lugar conocido como La Explanada, donde en aquellos años existía
una finca cuyo propietario llevaba el apellido Cordobés. Posteriormente fue
propiedad de Doña Mercedes González del Carmen.
Es un dato que queda recogido
gracias a su memoria.
Personalmente, recuerdo también que, por aquellos lugares, allá por los años setenta, don Feliciano regentaba una ferretería conocida como «Ferretería La Explanada».
Son pequeños detalles que, unidos, ayudan a reconstruir cómo era nuestro barrio hace varias décadas.
LA FOGUETERÍA «LA ESTRELLA»
La Foguetería La Estrella (también conocida popularmente en la zona como “Pirotecnia La Estrella” o regentada históricamente bajo nombres familiares del sector artesanal) es un punto de referencia tradicional de fuegos artificiales vinculado al barrio de La Vera, situado entre los municipios de Puerto de la Cruz y La Orotava, en la zona norte y posteriormente fue traslada a Buena vista del Norte, de Tenerife.
Finalmente, no quisimos dejar
pasar la oportunidad de preguntarle por una antigua foguetería que se
encontraba un poco más abajo de las escuelas de La Campana.
Le preguntamos si aquella
industria era conocida como «La Estrella».
Urbano nos confirmó que sí,
aunque recuerda que entre los vecinos era habitual referirse a ella por los
apellidos de sus propietarios: Juan Pacheco y su hermano Cipriano.
Según los recuerdos que nos
transmite, aquella foguetería podría remontarse aproximadamente a los años
veinte del pasado siglo.
Posteriormente, fue traspasada a
los hijos de Cipriano. Al parecer, don Juan no tuvo descendencia, mientras que
la actividad continuó pasando de padres a hijos.
Según la información que conserva
Urbano, posteriormente esta familia continuó vinculada a la actividad en
Buenavista.
Son datos que quizá puedan ser
ampliados algún día mediante documentos, testimonios familiares y archivos,
pero que hoy quedan recogidos como parte de la memoria oral de La Vera.
UNA VIDA QUE ES HISTORIA
Llegamos al final de esta
conversación con don Urbano Hernández Armas, pero no al final de sus recuerdos.
Su vida es el reflejo de una
generación que conoció una Vera humilde, agrícola y trabajadora; una Vera de
caminos de tierra, fincas de plataneras, escuelas pequeñas, niños descalzos y
vecinos que se ayudaban para salir adelante.
Su trayectoria como carpintero
representa también la historia de un oficio que durante décadas estuvo presente
en nuestros barrios y que hoy, poco a poco, ha ido desapareciendo.
SU COLABORACIÓN CON LOS JÓVENES
DEL BARRIO
Como me ha comentado el propio
Urbano, al igual que tantos otros vecinos de La Vera, también colaboró
activamente, dentro de sus posibilidades, con el desarrollo y las iniciativas
de los jóvenes del barrio.
Entre sus recuerdos destaca
especialmente su participación en los primeros pasos de aquel grupo de jóvenes
que, con el tiempo, daría lugar al Club Nueva Juventud, denominado Nueva
Fuerza en sus comienzos.
En aquellos años, cuando los
recursos eran escasos, fueron los propios jóvenes quienes pusieron en marcha
distintas iniciativas para conseguir los medios necesarios para practicar
deporte. Entre ellas, organizaron y vendieron un «fleje» de rifas, con
el propósito de recaudar dinero para poder adquirir, al menos, los materiales
necesarios.
Fue entonces cuando surgió la
colaboración de dos vecinos que aportaron sus conocimientos y su trabajo: Don
Urbano Hernández Armas, quien se encargó de preparar los tableros de
madera, y Don Vicente Barreto, conocido popularmente como «El Colón»,
que realizó la estructura de hierro y los aros.
De esta manera, con el esfuerzo
conjunto de los jóvenes y la generosidad de vecinos como Urbano y Vicente, se
construyeron los que serían los primeros aros de baloncesto del barrio de La
Vera.
Un pequeño proyecto que, visto
desde la perspectiva de hoy, adquiere un enorme valor histórico, porque
representa una época en la que los vecinos se ayudaban mutuamente y, con muy
pocos recursos, eran capaces de sacar adelante iniciativas que beneficiaban a
toda la juventud del barrio.
Son precisamente estos recuerdos,
aparentemente sencillos, los que permiten conocer cómo se fue construyendo la
vida social y deportiva de La Vera, gracias al esfuerzo de sus vecinos.
Por eso considero que don Urbano
Hernández Armas es, con todo merecimiento, uno de los últimos carpinteros de
aquella generación de La Vera.
Quiero agradecerle de corazón que
haya abierto sus recuerdos y me haya permitido recoger esta historia.
Porque cada testimonio de
nuestros mayores es una página más de la historia de nuestro pueblo. Y estas
páginas, si no las escribimos ahora, corren el riesgo de perderse para siempre.
Gracias, amigo Urbano, por
compartir conmigo estos recuerdos.
Que esta historia permanezca para
seguir decorando el poyo de flores de este populoso barrio de La Vera, de este
marinero Puerto de la Cruz.
Espero que, cuando estas palabras
lleguen a sus manos, usted y su familia sepan valorar el cariño y el respeto
con que han sido recogidas.
Me despido con mis mejores
deseos.
Que Dios lo bendiga.
La Vera,
de Puerto de la Cruz, a 13 de septiembre de 2026





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