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sábado, 3 de marzo de 2018

REMINISCENCIAS Y NOSTALGIAS DE UN PASADO PORTUENSE


Agustín Armas Hernández

Toda persona —partiendo naturalmente de que posea un mínimo de sensibilidad— siente nostalgia de su vida pasada, tanto cuanto más va entrando en la edad madura. Cuando nos damos cuenta el tiempo —que se nos concede— ha pasado fugazmente.

De niños muchos amigos de colegio. Es ahí precisamente en los centros de enseñanza infantil donde empezamos a convivir socialmente, donde se forjan las amistades del futuro. Quien no se ha preguntado, alguna vez ¿qué habrá sido de aquel amigo de la infancia que más tarde tuvo —por diversas razones— que desplazarse a otro pueblo, o quizás emigrar a otra nación allende los mares? ¡Cuánto me agradaría volver a verlo! recuerda con nostalgia.


Hace algunos años una señora alemana —actualmente fallecida— me dijo refiriéndose —entre suspiros— al Puerto de la Cruz, de la década de tos 50: «ha perdido su encanto» recalcó muy estrictamente. «Estoy de acuerdo con usted, señora», le respondí de inmediato. El diálogo continuó y seguimos recordando tiempos pasados. El Puerto de la Cruz empezó a transformarse de pueblo en ciudad con la puesta en marcha de la urbanización «Llanos de Martiánez». Y.…

Como todo tiene su precio con la citada urbanización desapareció el más bonito platanal —preludio de otros— que en un simpar alarde de belleza circunvalaban al antaño pescador y agrícola «pueblito». Entonces donde hoy está ubicada la avenida de Colón sólo existía un paseo de tierra con una hilera de tarajales que, dividiendo el camino de la playa, empezaban en la ermita de San Telmo y terminaban en el centro mismo de la playa Martiánez. Comenzaba a continuación una plaza con una amplia terraza de cemento, base ésta de ubicación de varias casetas «típicas», que a la sombra de tarajales, arbustos y techo de pal-meras, atenuaban el rigor del sol en los días fuertes del verano playero. En dichas casetas -- acondicionadas para restaurantes con vistas al mar— y bañistas—se podían degustar los mejores pescados y mariscos del litoral portuense (entonces muy abundantes), viejas, pulpos, lapas, almejas, etc. Sin olvidar por supuesto, ese rico crustáceo «el cangrejo»; todo ello acompañado de aquel buen vino tinto del norte de nuestra isla. Frente al susodicho lugar dando frente a la playa y rodeada de lindos platanales se encontraba la piscina municipal «Martiánez», lugar de citas y encuentros de muchísimos bañistas y expertos nadadores; unos porque preferían la tranquilidad de las aguas para darse un chapuzón y otros para entrenarse, con vistas a las competiciones de natación que en dicha piscina se solían celebrar. Categoría no solamente regional, sino también nacional e internacional tenían estos enfrentamientos deportivos. Grandes nadadores se formaron y nadaron en la piscina que nos ocupa; de entre ellos mencionaré a dos de los grandes, Fermín Rodríguez Méndez que junto al chicharrero Alfonso Veller conquistaron para Tenerife el campeonato de España de natación en el año 1942, el primero estilo mariposa y el segundo en espalda.

Si por el día se nadaba, por la tarde/noche se bailaba. Al son y ritmo de la portuense orquesta «Manigua». Movían el esqueleto lugareño, foráneos e incluso extranjero que desde muchos años antes ya nos visitaban. Esta prestigiosa orquesta en aquellos años muy solicitada, hacía la delicia —con las melodías de entonces: «el manisero», bésame mucho, el pasodoble tres veces guapa, etc.»— de los extranjeros aludidos y que se hospedaban en los cuatro únicos hoteles del encantador Puerto de la Cruz de aquellos años. El gran hotel «Taoro», dirigido por don Enrique Talg, hotel «Marquesa» llevado y dirigido por su dueño don Sebastián González Nepomuceno; «Monopol» dirigido también por su propietario don Carlos Gleixner, y por último el «Martiánez», llevado por don Enrique Talg.

Una sociedad cultural y recreativa el «Círculo Iriarte», alma de la cultura para jóvenes y adultos. Por fin: exposiciones de pintura, conciertos musicales, conferencias y diversas recreaciones.

Otros tiempos, sin duda, que no volverán —«ni hace falta» responderán nuestros jóvenes—pero que nosotros los adultos recordamos con nostalgia.

Posdata: leamos un poema que dediqué a aquel viejo camino de tierra y arena de mar, ahora desaparecido, (Actual Avenida de Colón) que, con tarajales a su vera, partiendo de la trasera de la ermita de San Telmo, terminaba en el mismo centro de la playa de Martianez. ¿Lo recuerdan?

RINCONES IDOS DEL PUERTO DE LA CRUZ

Del Puerto, que está en Fiestas,                    

Mentar quiero con nostalgia

 Rincones que ya son idos,

 Pero quedan en mi alma.

De niñez y juventud,

 Me afluyen con añoranza

Lugares de gran quietud,

 Que por quererlos me abrazan.

De San Telmo aquel camino

 Que conducía a la playa,

 Tarajales a su vera

 Con sus ramas en cascada.

 Simulando -parecía- que

Aquel sendero guardaba.

Silencioso era el camino

 Que sólo alteraba el agua

Al chocar contra las rocas,

 Pues cerca el bajío estaba.

Pronto la brisa traía

 Olorcillo a yodo y algas,

 Procedente del Atlántico,

 Al pasar por nuestra playa.

Unos minutos, no más,

 Y en Martiánez me encontraba

 La capilla con su Cruz,

Qué paciente allí esperaba:

 Se acercará algún creyente

A rezar una plegaria.

 ¡Maravilla, qué belleza!

Al entrar en la explanada,

 Donde cerca estaba el agua

Con sal, con peces, con algas.

 ¡Acantilado de Martínez,

¡Tú si estás, nunca te vayas!

A DÒNDE SE FUERON TODOS


Francia Elena Martínez

¡A dónde se fueron todos
los que habitaron esta parcela!
La casa...los aleros...las golondrinas y sus
nidos...hoy fulguran en su hastío.
Se deja ver la soledad, disfrazada de tormento
y las hojas secas, elevadas por el viento,
formando torbellinos que se van a perder
en la bóveda azul del firmamento.
Hojas de aquel árbol...del ciprés de la esperanza,
aquel arbusto que fue plantado por mi abuelo...
aquél, en el que dibujábamos corazones,
atravesados por una flecha.
Hoy, el corazón no existe
y mucho menos aquel árbol,
en el cual dejé tallados algunos sueños...
sueños con la inocencia del amor pueril.
Tampoco está la enredadera,
la que abrazaba a los limoneros...
aquellos limoneros en flor,
florecientes con trinos de amor.
Los alegres cánticos del ruiseñor,
allí quedaban impregnados, con los gorjeos,
de aquellas avecitas diminutas, que si acaso,
se alcanzaban a percibir en el espacio.
¡A dónde se fueron todos!
Hasta el cielo teñido de magenta, palidece,
para perderse en la bruma que cubre el sendero,
que lleva a la casita blanca... dulce y perfumada,
por los naranjos en flor...
que tengo en mis recuerdos.
Hoy sólo queda una casa en ruinas,
de lo que fue el hogar de mis abuelos...
con el verdoso musgo aferrado a sus tejados,
como un hijo al vientre de su madre.
Sólo sopla un viento gélido que penetra en el alma
y hace arrugar el corazón, de melancolía.
Hay recuerdos de felinos correteando a sus mininas,
quedando en el aire el eco de sus maullidos y algarabía.
Aún se percibe el olor a humedad,
causada por la ausencia de estío,
de los que habitaron esta comarca,
que en antaño, fuera la casa de los ancestros.
¡A dónde se fueron todos!
Por las ventanas desvencijadas
sombras se vislumbran, en los aposentos,
las sombras que divagan
de aquellos que ya no existen,
que vinieron a recoger sus pasos
y ya no quisieron irse.
Hoy ya casi nada existe,
sólo el recuerdo vago de las cosas
y una bruma espesa
en donde se refugia la añoranza
y los recuerdos de tu amor y el mío,
que quedaron plasmados
en las grietas de las paredes
inexistentes del tiempo,
cual si fuesen heridas
recalcitrantes en la piel.
Sólo queda al fondo la tristeza,
esperando que la tarde muera,
para darle sepultura,
junto a mi vida
hecha despojos.


Felina

CASTIGO PERPETUO (DOBLE LECTURA)


Lorenzo de Ara

Prometeo, ya sabes. ¿Quién no conoce la historia del desgraciado? Zeus hecho una furia. Esquilo (¿o no?) dale que dale a la leyenda que nació como si nada. Un parto fácil. De joven leí Prometeo y, ya hoy, cuando Agamenón me lo permite, y las otras tragedias también, regreso a él y disfruto un carajo.

Entregar el fuego a los hombres, a los mortales. Y más cosas. A nosotros, que somos aniñados, fugaces, malsanos, quizá irreales. De Prometeo ningún mortal se acuerda. Nadie de entre nosotros se acerca al lugar donde cadenas mantienen para la eternidad al apestado.

El fuego para crear, para pensar, para ver, para vivir. ¿Sin fuego el qué? Nada. Y Prometeo entregó a los hombres lo mejor. Y lo pagó.


Hay personas que no tienen luz. Personas opacas. Gente imperceptible que lleva consigo las tinieblas del pecado, de la miseria, del vacío existencial; la maldad en estado puro habita en sus ojos, en la boca (sobre todo la boca).

Son los que odian a Prometeo. Aplauden a Zeus. Sin fuego, o sea, sin espíritu libre. Esas personas controlan el futuro de las otras. Compran voluntades, arruinan amistades, predican con la mentira y las serpientes más venenosas no pueden con ellas.

¿Crees que hablo de gente lejana? Te equivocas. ¿Crees que son fantasmas, espíritus inmundos? Te equivocas. Hoy leí una entrevista a Arcadi Espada. Blablablá. Hoy leía a Monterroso y todo se hizo visible. Nada como las fábulas del guatemalteco para abrazar la realidad, para oler el horror de los oscuros.


No olvides que en las calles por donde caminas hay bestias que se alimentan de ti. No quieren que lleves el fuego de Prometeo. Quieren que vivas en permanente negrura. Creerás que eres libre. Pero junto a ellas estás encadenado.

PD. Dos que son tal para cual. Sam Peckinpah nunca hubiera hecho una de sus películas con ellos.

viernes, 2 de marzo de 2018

APROXIMACIÓN A LA VIDA COTIDIANA DE REALEJO ALTO HACIA 1891


Jerónimo David Álvarez García

Publicado en La Prensa-EL DÍA, el 24 de febrero de 2018

La España de la Restauración (1874-1931) con su peculiar sistema político, económico y social nos legó el Caciquismo, como entramado de relaciones humanas del momento.[1] Este régimen político extralegal actuaba en reducidos grupos, con control personal sobre los órganos de gobierno y administrativos, disponía de los votos de su clientela y actuaba con personalidades influyentes.

De la vida política finisecular debemos subrayar la aprobación de los nuevos aranceles proteccionistas, con los que el gobierno de Antonio Cánovas da un giro a la política económica de los liberales. El político malagueño sería el artífice de la Restauración Borbónica en acuerdo con los moderados. Redactó la Constitución de 1876 y fue protagonista, junto a Sagasta, de la política española en el último cuarto de siglo. Intentó anular al Ejército de la vida política y no pudo sofocar las revueltas cubanas, ni dar pleno sentido al parlamentarismo, dominado por el Caciquismo citado. La económica del país se consolida desde América con “los capitales enviados que se canalizaron en diversas inversiones, entre las que destacan principalmente la adquisición de fincas rústicas y urbanas, seguido de la realización de préstamos hipotecarios, la promoción y participación en actividades comerciales o industriales y la adquisición de valores financieros.”[2] El rígido sistema político de la Restauración solo permitía la alternancia de dos partidos: Liberales y Conservadores, mientras, las huelgas industriales del norte de España, los alzamientos campesinos en Andalucía y las acciones socialistas y anarquistas, cierran el ambiente de conflictividad. En 1891 se crea la Unió Catalanista y durante esa década Sabino Arana convirtió los fueros en el símbolo de la soberanía vasca. Esta España de 17,5 millones de almas, quedaría retratada en Pequeñeces, obra del padre Coloma[3] que constituye una sátira a la sociedad madrileña del reinado de Amadeo I.

Canarias se enmarca en ese contexto político-social y personificado en el grancanario Fernando León y Castillo, diputado, ministro, embajador y partidario de la división provincial, aspiración que no consiguió. Las islas asisten a su reconversión agraria tras la crisis de la cochinilla de 1870; y el avance de la economía es evidente con la creación de la Junta de Obras del Puerto de la Luz de Gran Canaria. Mientras, la publicación de Cinco años de estancia en Canarias de René Vernau,[4] es otra muestra de los diversos  trabajos con los que viajeros europeos retrataron las Islas.

La vida cotidiana de Realejo Alto queda plasmada en diversas fuentes; como ejemplo un esbozo: el texto que nos legó Olivia Stone[5]  tras visitar el municipio en 1883. La viajera relata: “a las 8:15 de la mañana llegamos a Realejo Alto. Los dos Realejos -Alto y Bajo- realmente forman un solo pueblo, largo continuo y desordenado, una calle más que otra cosa, con un barranco entre los dos. Seguimos bajando por la calle, pendiente y toscamente pavimentada, desde cuya parte alta se puede ver muy bien la iglesia, la más antigua de la isla, construida en el lugar donde bautizaron a los reyes guanches.[6] 

Lo que primero llama la atención es que posee un chapitel, el primero que he visto en las Islas.” Reanuda la descripción del pueblo con observaciones sobre la vestimenta de los vecinos y una detallada visión del interior del templo (al que habían entrado para resguardarse de la lluvia). De esa exposición destacan las líneas relativas a la talla de Nuestra Señora de los Remedios y su fiesta de septiembre.[7] Tras la lectura y admiración de los libros parroquiales, la viajera se despide de un sacerdote,[8] con el deseo que se efectúe la reforma necesaria en el templo.

La estructura social del municipio se constata con múltiples nombres propios que cohesionan su entramado humano. Sin orden de importancia, invocaremos como principales contribuyentes a pretéritos realejeros como fueron: Miguel Chaves Albelo, Francisco García Oramas, Pedro Rodríguez de la Sierra o Remedios Fregel Oramas, sin olvidar al influyente Eliseo González Espínola, a quien se retomará al finalizar. El devenir de la realidad finisecular en Realejo Alto queda fielmente documentado en las actas de su Ayuntamiento; iniciamos a su estudio.                                                                      
 El año 1890 había finalizado con la alcaldía de Estanislao Fragoso García.[9] En las actas de enero siguiente se constata nuevamente[10] su presidencia, mientras la secretaría es ostentada por Domingo Suárez.[11] Junto a estos cargos, en sesión del 4 de enero de 1891, se relaciona a los concejales: Juan Fernández y González, Vidal Torres, Felipe Hernández, Domingo Pérez González, Juan González Estévez, Francisco López y Gonzalo Fernández. El acta del 8 de enero establece la composición de la Junta Pericial de la Contribución Territorial,[12] para el bienio 1891-1893. La sesión del día 23 ejecuta los apremios, por los cuales se inicia el cobro de créditos de la Hacienda Pública liquidados, vencidos y no satisfechos, al tiempo que se advierte de los impagos de la contribución territorial y de numerosas cédulas personales[13] Las juntas municipales aprueban el extracto de las sesiones celebradas por el ayuntamiento, en el segundo trimestre, que se enviaran a la autoridad competente para ser insertadas en el Boletín Oficial de la Provincia. El mes de febrero comienza con el “llamamiento y declaratorio de soldados de los mozos de reemplazo”, y en el acta del 15 de febrero se retoman los temas de recaudación e impuestos. En la sesión del 22 de febrero Augusto Fernández comunica, que debido a su mal estado de salud, renuncia a su cargo de apoderado municipal que había ostentado hasta el momento, motivando que “para cobrar de la caja de la Provincia los intereses del cuatro por ciento de las imposiciones intransferibles, que posee este ayuntamiento en representación de los bienes de propios”, se nombre a Eladio Alba.

En la sesión del 1 de marzo se confirma como recaudador municipal a Agustín Rodríguez Yumar y como agente ejecutivo de los impuestos municipales a José Díaz González. También se acredita el abono a la Jefatura de Montes del diez por ciento de los efectos forestales (8 pesetas), para obtener la licencia y proveer al municipio de horquetas para “levantar la vid” y proceder a su cultivo. Se examinó el presupuesto “adicional” al ordinario vigente del ejercicio 1890-1891. El acta del 15 de marzo, siempre bajo la presidencia de Estanislao Fragoso, documenta la instrucción de los expedientes de mozos: en estos se da excepción del servicio militar a varios jóvenes realejeros, los motivos son diversos, por ser “hijo único de una madre pobre a quien mantiene”, mozo mal alistado del quien no se registró su fallecimiento en 1873 o ser “hijo único de padre pobre sexagenario”. Por último, en acta del 29 de marzo“se trajo a la vista el pliego de condiciones bajo las cuales concede este ayuntamiento la recaudación de los impuestos consumo y sal, repartimiento general y cédulas personales”. El tema de las reclamaciones entre administraciones queda patente tras la reunión de la Comisión Provincial: en su extracto de sesiones del día 6 presidida por Poggio, a la que concurren los vocales Velázquez, Pineda, Febles, Leal, Rodríguez Pérez y Casabuena se acordó proceder contra los Ayuntamientos de La Orotava, Vilaflor, La Victoria, La Guancha, Realejo Alto y Bajo y Santiago, hasta que fuera efectiva su deuda con el contingente provincial.[14

Los registros municipales del 12 de abril reflejan el Proyecto del Presupuesto Ordinario para 1891-1892. Del texto se deduce el capítulo de gastos, que asciende a 17.672,53 pesetas, en tanto el activo desciende a 4.357,67 pesetas, generando un déficit de 13.314,86 pesetas. Estos números son aprobados por unanimidad y se exponen al público durante quince días. En el acta del 19 de abril se procede a la lectura del Censo de 1887, que refleja como la población de derecho del pueblo suma los 3.816 habitantes y los electores 669. La ley electoral divide el municipio en dos distritos: Pueblo y La Cruz Santa. Al Pueblo corresponden: La Alhóndiga, Plaza de la iglesia, Calle del Medio, Puente Abajo, Calle el Sol, Puente Arriba, Godínez, La Callita, Calle del Agua y adyacentes de San Benito, La Fuente, El Horno, Toscas de Romero, barrio de San Agustín y caseríos del Patronato, La Longuera, Méndez, El Burgado, La Gorvorana, La Carrera y parte norte de La Montañeta. A La Cruz Santa pertenecerán: dicho pago y el caserío de El Mocán, Los Pasos, La Garrota, La Gañanía, Los Morales, La Piñera, La Cartaya, sur de La Montañeta, La Zamora, La Florida, Placeres, Las Furnias, El Madroño, Palo Blanco, Lomo Incienso, La Hoya de Pablo, La Treviña, El Viñátigo, Las Llanadas, El Mollero, Casa de Lugo, La Ferruja, Los Tres Pinos y La Hoya de Farrais.

En acta del día 23 leemos como la Comisión Provincial reclama al ayuntamiento, los pagos atrasados del ejercicio (antes citados en la prensa regional). El Consistorio remite la contabilidad demostrando que satisfizo esa cantidad y solicita la suspensión del embargo al que está sometido: “toda vez que no es necesario esa medida de rigor para que este ayuntamiento cumpla tan sagrado deber como promete verificarlo en todo el próximo mes de mayo”. La sesión extraordinaria del día 30 da cuenta como el Gobierno Civil concede el aprovechamiento forestal de “cien latones”, librando de urgencia el diez por ciento del efecto. El primero de mayo acaece el nombramiento de las personas que presidirán las mesas en las elecciones de concejales: el alcalde preside la mesa del pueblo y el primer teniente de alcalde Vicente González Hernández la de La Cruz Santa. El Boletín Oficial de la Provincia advierte que los municipios de Realejo Alto, Santa Brígida,  Realejo Bajo y Pájara  deben dar “cuenta del acuerdo de solicitar autorización para gravar ciertos artículos”.[15]
            
En sesión del 17 de mayo se advierte que “ha estado de manifiesto al público el padrón para la cobranza del impuesto de cédulas personales” y se observan otras notas económicas e impositivas. En el extracto de la sesión de la Comisión Provincial (...) del día 13, leemos que la presidió el Sr. Poggio, (…) y leída y aprobada el acta de la sesión anterior, se tomaron los acuerdos siguientes: (…) decir al ayuntamiento del Realejo Alto que el contingente que le correspondió el presente año asciende a 4.127,67 pesetas, en lugar de las 3.800 que supone.[16]  El acta del día 30 documenta que el Ayuntamiento de La Orotava comunica la discusión y aprobación del presupuesto de corrección pública de las cárceles de partido”. El consistorio realejero debe designar un representante, por lo que nombra a Juan Padrón y León, vecino de aquella villa. La fiscalía de la Audiencia de Las Palmas publica la relación de los nuevos fiscales municipales para el bienio 1891-1893: en el partido de La Orotava, para Realejo Alto se designa a Agustín Chaves Albelo y para Realejo Bajo a Juan del Carmen Pérez[17] Al reanudar la lectura de las actas, vemos como el 14 de junio el alcalde notifica, “que hallándose propagada en el vecino pueblo del Puerto de la Cruz la epidemia variolosa,[18] era en todo punto necesario, tomar toda clase de precauciones para que, caso de que desgraciadamente este pueblo fuera invadido, no haya los terribles estragos, que son consiguientes cuando las poblaciones están desaseadas”. El dictamen del médico titular Manuel Pestano[19] obliga a la vecindad a eliminar, asear y retirar focos de infección. En la sesión del 21 de junio se discutió el “repartimiento del impuesto de consumos del corriente año económico”, pues se había impuesto al municipio por su incumplimiento, multa de 50 pesetas, designándose los pertinentes peritos. Días después toman posesión los técnicos del impuesto de consumo. En la sesión del día 28 se notifica un caso de viruela en la Casa Higa, en la persona de Miguel González Cartaya. Se toman las medidas higiénicas y alimenticias precisas y se advierte a los vecinos, (el municipio pagaría los gastos de cuidado y alimentación del afectado).
           
El uno de julio se produce la renovación parcial de concejales tras las elecciones de mayo. En esa sesión es reelegido alcalde por mayoría absoluta de concejales,[20] Estanislao Fragoso. La relación de ediles prosigue con el primer teniente de alcalde, Manuel González Fuentes, la segunda tenencia recae en Juan Fernández González, como regidor síndico es designado Valentín Toste Estévez y regidor interventor de la contabilidad, Vidal Torres Acosta,[21] la lista finaliza con: Felipe Hernández González, Domingo Pérez González, Benito Rodríguez González e Hilario de Ávila.[22] Debemos señalar que a la toma de posesión no acude el concejal Ramón Hernández González, sin que justificara su ausencia. Las sesiones ordinarias se fijan los domingos, “después de la misa mayor.” Asimismo, se  establecen las comisiones permanentes: 1º Presupuesto y Contabilidad, 2º Instrucción Pública, Sanidad y Policía Urbana y Rural, 3º (sin denominación), 4º Caminos  vecinales, montes, aguas y Policía de Abasto. A lo redactado se añade la relación de los alcaldes pedáneos, a saber: por La Cruz Santa, Gabriel de León Álvarez; para la zona alta de Las Rosas, Celestino Chaves Luis y por La Carrera, Domingo Hernández Febles. También es designado secretario, Benito Vasconcelos Olivero[23] y depositario Pedro González Luis. Es confirmado como médico titular Manuel Pestano, guarda local Vicente Oramas y Chaves, auxiliar de guarda local, Baldomero Oramas Hernández[24] y portero del Ayuntamiento Juan Yanes González.[25] Por último se cita al concejal no presentado, (el acta siguiente refleja su toma de posesión y el motivo de incomparecencia, prueba de ello es que el día 5 renuncia por enfermedad). En acta del 22 de julio se registran temas impositivos y económicos.
            
Asimismo, en verano de la sesión del 2 de agosto, siempre bajo la presidencia de Estanislao Fragoso, se recuerda que la Comisión Permanente de la Diputación Provincial decreta embargo del cincuenta por ciento de los ingresos del municipio, por las cantidades adeudadas a ese organismo. Se presenta la contabilidad ante los concejales y se responde a la Comisión del error existente, a juicio de la municipalidad, en las cantidades reclamadas. En la siguiente sesión se notifica como Felipe Machado y Ascanio[26] protesta por la imposición municipal a su finca de “Palo Blanco”; es citado con los antiguos propietarios para comprobar in situ la demanda. De nuevo, en acta del día 9 se reclama ante las autoridades económicas, por el excesivo cupo asignado a algunos impuestos locales. Las restantes sesiones estivales abordan variados asuntos locales, como el nombramiento de las juntas municipales de sección territorial, industrial y no contribuyentes, la resolución del litigio emprendido por el Sr. Machado y la instrucción de numerosos expedientes de prófugos. Finaliza con septiembre, ahondando en las temáticas económicas y las pugnas con la autoridad provincial.
            

El Boletín Oficial del 21 de septiembre publica que en Realejo Alto[27] se hallan en poder del recaudador las cédulas personales para que los interesados procedan proveerse de ellas. Por el acta del 3 de octubre, con motivo de los temporales e inundaciones acaecidos en Almería, Toledo y Valencia, se insta a los vecinos a contribuir con la suscripción abierta para ese desastre. A esta se suma el Consistorio, empleados municipales y las comisiones en barrios y pagos del municipio que recaudan donativos. A final de mes se ingresa en los organismos provinciales la tasa de aprovechamiento forestal. Noviembre comienza con la solicitud formulada a Eliseo González Espínola,[28] para que restituya al Ayuntamiento, los materiales y maderas de propiedad municipal que obran en su poder, también se decretan arreglos de urgencia en la carnicería. Finalmente, otra nota de la Comisión Provincial de su sesión del día 18, advierte al Ayuntamiento realejero que no puede anularse el embargo, y que la diferencia que existe entre lo que en sus presupuestos tiene consignado y lo repartido por contingente de la provincia debe figurar en el adicional próximo.[29]            
                
Concluye nuestro periplo por las actas municipales en diciembre, mes que se caracterizó por los numerosos temas económicos e impositivos. En sesión del 27 de diciembre prosigue la pugna por los atrasos solicitados desde la Comisión Provincial. El pleno solicita permiso a ese organismo  para recaudar un nuevo impuesto, quien se lo deniega, al tiempo que reitera la suspensión del embargo.[30] Quedan de manifiesto las diferencias entre las administraciones local y regional: bien por la interpretación o mero cumplimento de la legislación vigente o por la lectura subjetiva de las diferentes facciones (partidarias u opuestas a la división provincial). Por lo demás, de este estado de cosas se nutría la cotidianidad local. Ese y otros antecedentes vistos en esta serie, evidencian la evolución de su burguesía en el siglo XIX. Esta supuso la consolidación de su base social, efecto que llega hasta la actualidad en las estructuras sociológicas de su heredero histórico: Los Realejos. Este municipio queda definido por sus vecinos de corte burgués, en gran número instruidos, que basan su economía principalmente en el sector terciario, conformando una amplia clase media. Por eso en los últimos años su posición y actividad hubieron de atraer una importante población foránea.


[1]     ÁLVAREZ GARCÍA, J. David, “Aproximación a la vida cotidiana de Realejo Alto hacia 1890”, La Prensa-El Día, 17 de enero de 2016. También remitimos a AA.VV, Los Realejos, Una Síntesis Histórica.
[2]     GARCÍA LÓPEZ, José Ramón, Las remesas de los emigrantes españoles en América, pp 25-28.
[3]     El cambio del Romanticismo al Realismo supuso para las letras españolas un periodo de transición. De sus autores citamos a Pedro A. de Alarcón, Juan Valera o Pérez Galdós y recordamos que don Benito fue tío abuelo de Guillermo Camacho y Pérez-Galdós (1898-1995) ínclito historiador realejero, autor de La Hacienda de los Príncipes o La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de Realejo de Abajo; La Iglesia de Santiago de Realejo Alto.
[4]     René Vernau (1876-1938) fue un botánico y antropólogo francés, viajó por Europa con fines científicos y visitó las Islas entre 1884 y 1935, realizando diversas publicaciones sobre Canarias, como la citada en el texto. Los viajeros  europeos no sólo dejaron constancia escrita, además nos legaron pinturas como las hermanas Ella y Florence Du Cane o las fotografías del portugués Antonio Passaporte, (una de sus láminas ilustra este trabajo). Agradecemos su  cesión a Mauricio Méndez Febles, https://www.facebook.com/RINCONES.Y.MOMENTOS.DE.LOS.REALEJOS/
[5]     STONE, OLIVIA. El Planeta Tenerife, pp.330-333. Para profundizar en su biografía véase: GARCÍA PULIDO, Daniel. “Olivia Stone: Aproximación a una biografía desconocida”. La Prensa-El Día. 15 de febrero de 2015.
[6]     Obsérvese que desde esta época queda de manifiesto la legendaria historia de la antigüedad y erección de la iglesia
[7]     Si el lector deseara profundizar en el estudio de ese culto (datado desde 1529 en Realejo Alto) y su fiesta contemporánea, remitimos a ÁLVAREZ GARCÍA, Jerónimo David y LIMA ESTÉVEZ, Javier en Las fiestas patronales de Realejo Alto en honor a Nuestra Señora de Los Remedios: (1907-1959) y más recientemente a  LORENZO LIMA, Juan A. y HERNÁNDEZ M., Josué, (ed.), Remedios: testimonio devocional de Los Realejos.
[8]     Ángel F. Barreda Hernández (1850-1918) fue párroco de Santiago del Realejo (1878-1918). Si no se especifica lo contrario; las biografías de los vecinos han sido extraídas de los registros municipales y Juzgado de Los Realejos.
[9]     Vecino de La Cruz Santa. Casó con Isabel Zamora con quien procreó a Manuel y José Bernardo (emigrantes a Cuba) y en segundas nupcias con Candelaria Armas García. Propietario, falleció viudo a los 70 años el 21.03.1901.
[10]   Libro de Acuerdos de este Ayuntamiento del año económico de 1890-1891. (06.07.1890-28.06.1891). Sign. 13/39. Cod. A.1.1.3. Ilustre Ayuntamiento de Realejo Alto. Archivo Histórico Municipal de Los Realejos. (A.H.M.R).
[11]   Domingo Suárez Albelo (hijo de José Suárez del Pino y María Albelo, naturales de Las Palmas), era natural de La Laguna y casó con Juana Arocha y Casanueva con quien procreó a Celia, Eduvigis, Domingo, Juana, Gaspar y Margarita Suárez Arocha. Domiciliado en el Puente Abajo, 4, falleció el 05.04.1895 a los 54 años.
[12]   MORENO BUENO, Tomás. Breve crónica de un siglo de Catastro en España (1906-2002). De las funciones de este organismo destacaba el deslinde y amojonamiento en presencia de los propietarios; con su asistencia, firmaba y autorizaba el acta que recogía la actuación, archivada en el Ayuntamiento causaba efectos jurídicos en el plazo de 3 meses si no existía reclamación Cuando ocurrían desavenencias entre los propietarios, adoptaba la traza del lindero en litigio. Además contribuía a la determinación de la riqueza municipal mediante el producto de los rendimientos de cada masa de cultivo imputando individualmente la riqueza. La Junta Pericial Municipal colaboraba con el procedimiento para la obtención de datos donde intervenían el Catastro y los vecinos, así como los representantes de los propietarios. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2725618 Consulta del día 08.01.2018.
[13]   El precursor del Documento Nacional de Identidad, tiene su regulación en el Real Decreto del Ministerio de la Gobernación de 15 de febrero de 1854: se suprimen los pasaportes y documentos que se expedían a viajeros y vecinos para libre tránsito en territorio nacional. La Autoridad correspondiente facilitará a padres o cabezas de familia una cédula de vecindad para sí y otra para cada individuo de su familia con arreglo al padrón. Los viajeros deberán proveerse del documento y presentarlo a la Autoridad. Los criados necesitarán cédula separada otorgada en virtud de reclamación del amo si están sirviendo, y si no lo están en vista de su padrón respectivo. Se abonará un real de vellón por las cédulas solicitadas, cualquiera que sea su número. Se exceptúan del pago: a pobres de solemnidad, peregrinos, braceros que no tengan más medio de subsistencia que el jornal diario, obreros de mismo caso y las viudas y huérfanos que solo posean pensión inferior a 1.500 reales. Los extranjeros usarán sus pasaportes como cédula de vecindad. Estas se repartirán a domicilio a los empadronados, por los dependientes de la Autoridad. Se renovarán en el mes de enero de cada año, repartiéndose de la misma manera que ha quedado expresado. La falta de cédula de vecindad será causa legal para la detención del omiso y para la imposición de las multas o penas de los pueblos donde reside y de pasaporte en los viajes que emprenda. Gaceta de Madrid, núm. 413, p.1, viernes 17 de febrero de 1854. http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1854/413/A00001-00001.pdf  Consulta del día 08.01.2018.
[14]   Diario de Tenerife, 20.03.1891, p.1. BULL. Biblioteca de la Universidad de La Laguna. Este rotativo según se advierte, se publicaba todos los días excepto los domingos y fiestas de gran solemnidad.
[15]   Diario de Tenerife, 15.05.1891, p.1. Jable, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. ULPGC.
[16]   Diario de Tenerife, 18.05.1891, p.1, Jable, ULPGC.
[17]   Boletín Oficial de Canarias, 19.06.1891, p.2. En el partido judicial de La Orotava se nombra juez municipal, en el bienio 1891-93, a Tomás González y González por Realejo Alto. Diario de Tenerife, 17.06.1891, p. 2. Jable, ULPGC
[18]   La viruela, aunque más estacionada en el tiempo, fue más agresiva que las pestes y afectó principalmente a los niños, lo cual frenó el crecimiento de la población. En el siglo XVIII, la viruela mató a 60 millones de personas en Europa, principalmente menores. Las grandes epidemias de esta enfermedad se erradicarían en el siglo siguiente. BARDET, J.P. / DUPAQUIER, J. Historia de las poblaciones europeas, I y II.
[19]   Casó con Mercedes Olivera. Su hija María Pestano Olivera fue camarera de Nuestra Señora de los Remedios de Realejo Alto y su hijo José Pestano, párroco de Nuestra Señora de la Concepción de Realejo Bajo (1898-1903).
[20]   La normativa municipal exigía que el concejal “sepa leer y escribir, por ser el caso sexto de incapacidad para su desempeño, según articulo cuarenta y tres”.
[21]   Natural de Puerto de la Cruz y vecino de La Carrera. Propietario, casó con Tomasa Pérez Hernández y en segundas nupcias con Petra Estévez López, natural de Realejo Alto, con quien procreó a Petra, Vidal y Martina. Falleció el 15.01.1915, a los 66 años. Su hija Petra Torres Estévez casó con Dámaso Febles Pérez (hermano de José, Ignacio y Candelaria). Y su hijo Vidal casó con Claudina Hernández Siverio, procreando entre otros, al chófer Juan Torres Hernández (1930-2018), padre de la bibliotecaria Pilar Torres García. Apostillamos, que queda pendiente de estudio la importante emigración de vecinos de La Carrera hacia el casco de Realejo Alto a comienzos del siglo XX.
[22]   Natural de Realejo Alto, aparcero y domiciliado en el Viñátigo. Casó con Jorgina Pérez Rodríguez y procrearon a Cecilia, Antonia, Juana, Nicolás, Sebastián, Antonio, María y Pedro. Falleció el 29.03.1896 a los 65 años.
[23]               Secretario del Juzgado Municipal y vecino de la Calle del Medio.
[24]   Vecino de la Calle del Medio, nació en 1853, casó con María García León y procrearon a Dolores y María Oramas.
[25]   El Padrón de habitantes de 1889 del Ayuntamiento de Realejo Alto (A.H.M.R), lo censa en Calle de la Alhóndiga, 20
[26]   Probablemente, hermano de Lorenzo Machado y Ascanio (1804-1862) benefactor de la música en ambos Realejos
[27]   Diario de Tenerife, 23.09.1891, p.1, Jable, ULPGC.
[28]   Alcalde y terrateniente realejero, casó con Mª Bonifacia de Zárate Morales, padres de doña Rosa Zárate, que vendió el edificio del Colegio Nazaret al alcalde Miguel Cedrés, (las monjas residieron en una vivienda de El Cantillo de la Calle del Medio unos meses, hasta que se acondicionó el inmueble). Además, vendió a los médicos vascos Fernando y Rodrigo Echagüe Cerrajería su vivienda. A su vez Julián Jiménez Falcón (padre del ex-alcalde Evelio Jiménez Fregel), compró a su hermana Candelaria González Zárate la casa familiar, sito en la actual Avenida Tres de Mayo.
[29]   Diario de Tenerife, 21.11.1891, p.1. Jable, ULPGC.
[30]   Libro donde toma sus acuerdos este ilustre Ayuntamiento de Realejo Alto durante el año económico arriba expresado, 1891-1892. Libro de Actas (01.07.1891-26.06.1892). Sign. 13/40. Cod. A. 1.1.3 A.H.M.R