Evaristo Fuentes Melián
Antonio Machado Carrillo (en
adelante: AMC) (jueves 13, LA OPINIÓN DE TENERIFE, pág. 22) es amigo de las comparaciones
pedagógicas, cuyo paradigma extremista era aquel cuento del colegio de curas, en que nos sermoneaban tremebundamente explicándonos
lo que es la Eternidad, de esta manera: supongamos que un ave pasa cada día rozando
con su ala una bola de hierro del tamaño del planeta Tierra; pues bien, el larguísimo
tiempo que tardaría en pulverizar con su roce el globo terráqueo,
ese tiempo sería el equivalente a ¡una milésima de segundo de la Eternidad!
Hace algún tiempo, AMC en una de sus charlas conferencias
ponía un ejemplo aun más aterrador si cabe: considerando que la unidad 1 sería la
cifra ideal que corresponde consumir a cada habitante del conjunto de materas
primas de este planeta, resulta que en realidad, en el nivel más alto de las
familias ricas de EEUU, la cifra se monta en 22 (veintidós) veces lo que le corresponde
a cada individuo, y en las familias europeas del primer nivel la cifra es 18
(dieciocho), mientras que, por el otro extremo de este fatídico abanico, en
algunos países subsaharianos pobres de solemnidad ubicados en el centro de África,
cada uno de sus habitantes consume solamente una centésima parte de la unidad 1
que le correspondería en ese hipotético reparto igualitario. Las diferencias
son evidentemente apabullantes.
Lo que propone AMC es que, si hay petróleo
en territorio español, el deber nuestro es intentar sacar el petróleo que haya,
si no queremos faltar a la ética más estricta a nivel internacional. Pero en el
comienzo de su penúltima estrofa, AMC dice: “salvo que cambiemos el modelo
energético…”. Señor AMC, de eso se trata, precisamente, de cambiar el modelo energético,
con el uso progresivo de las energías renovables, e irse ‘olvidando’
simultáneamente de la extracción de más petróleo. En zonas de Canarias hay viento y sol
suficientes para las energías renovables. Así evitaríamos el peligro latente de
una marea negra con chapapote, como aquella del Prestige hace ahora doce años en
las costas gallegas.
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