José Peraza Hernández
El
tiempo pasa tan rápido que, hay momento que no te llega a la memoria. Una vez, lo captas por
circunstancia que, relaciones la fecha, por algo, que no viene al caso, pero sí
lo relacionas. Parece que fue ayer, y hay que decir que esté año, hizo 44 años
del vivido “Golpe de Estado, 23F”, el que promovió Antonio Tejero. De esto se
ha escrito en todos estos años, muchos ríos de tinta.
Donde
pasamos a dejar una pincelada de este. Donde años algún párrafo, que se ha
publicado este 23 pasado.
“Objetivo:
asesinar la democracia”. Donde hubo diversos titulares en diversos medios de
prensa y televisión, en el momento 1981, y años después, claro está, no es para
menos. La verdad que, nos llevamos un buen susto.
23
de febrero de 1981. Un teniente coronel de la Guardia Civil apellidado Tejero
se convertía en protagonista de aquel convulso asalto al Congreso. “Objetivo:
asesinar la democracia”. Ese era el titular de El Faro de Ceuta, que reflejó
también entre sus páginas la apreciación de “normalidad absoluta” que se vivía
en la ciudad y el interés manifiesto que existía en trasladar que el Ejército
estaba “al margen de todo”.
Y
entre espacios, momentos de tensión y cuantiosa información, desde la redacción
del decano se intentaba hacer lo posible por contactar con las Cortes. Eran
otros tiempos y se buscaban alternativas para obtener información y comunicar.
La
estrategia para avanzar hasta Tejero que siguieron quienes trabajaban en el
periódico consistió en declarar que la llamada provenía "de parte de
Ceuta" sin añadir más datos. Esto, para el grupo de guardias civiles que
había secuestrado todas las líneas del edificio, se esperaba como agua de mayo,
con la esperanza de que el Ejército ceutí se apuntara a la operación.
"Pensamos
que para que pudiera tener mayor éxito nuestro cometido telefonearíamos de
nuevo, diciendo solamente que se pusiera el teniente coronel Tejero, pues
querían hablar con él", reza la exclusiva de la época. La estrategia
fracasó en un escenario incierto por aquel entonces, al igual que ahora.
Lo
que no se sabe del 23F
La polémica actualizada de todo lo que todavía no se sabe del 23F se centra en lo que denuncian ya los medios nacionales: no se localizan los negativos originales de las fotografías que se obtuvieron en aquella incursión. Y es que, superados 44 años de todo aquello, hay cuantiosos nubarrones en torno a lo que pudo suceder aquel 23 de febrero.
De
aquel “¡quieto todo el mundo!” no se conocen detalles importantes, como por
ejemplo hasta dónde alcanzaron los límites de posibles implicados o conocedores
de esa situación. Oficialmente parece no haber demasiada intención después de
que hace unos meses se tumbara la petición de Podemos para desclasificar toda
la documentación relativa a ese 23 de febrero de 1981.
Hubiera
sido un paso importante para cerrar heridas y hacer justicia a un periodo de la
historia clave.
El
PSOE unió sus votos a los del PP y Vox para tumbar esa moción y evitar así
conocer documentos que siguen ocultos.
Faltan
datos, pero sobran los nostálgicos de aquella incursión de guardias civiles que
hoy siguen arrastrando iluminados que buscan organizar actos a modo de homenaje
del fracaso, como ha pretendido hacerse en Oviedo.
Se
viven momentos delicados ante el intento de dominio de totalitarismos, son
instantes en los que conviene recordar que un buen día hubo quienes,
organizados, quisieron arremeter con todo y contra todo, hasta resquebrajar los
cimientos de una democracia excesivamente joven.
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