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sábado, 5 de noviembre de 2016

DEL ANARQUISMO AL CONSUMO

Evaristo Fuentes Melián

He leído hace poco un clarificador artículo de Julián Casanova sobre el anarquismo y su desaparición en España. El anarquismo tuvo su base y su raíz en el siglo XIX (1868), poco antes de la efímera I República (1873). Entonces, y hasta mediados del siglo XX, había mucha miseria en este país, las clases obreras y campesinas estaban practicante esclavizadas. El movimiento anarquista y adláteres usaban también la violencia como medio coercitivo, hasta que llegó la guerra civil de 1936 a 1939, que terminó con los anarquistas de la CNT y la FAI; unos consiguieron huir al extranjero, otros fueron encarcelados y en muchos casos ejecutados. Se acabó el anarquismo.

Pero hay otra condición ‘sine qua non’ para que ese capítulo de la violencia en política desapareciera; fue el bienestar en la economía y su hijo natural: el consumo. Mi generación, concretamente los nacidos recién acabada la guerra civil con sus penurias y luego mayoritariamente unidos en matrimonio religioso y civil a mediados de la década de los boyantes años sesenta, hemos tenido la oportunidad, única en la Historia de España, de haber vivido esas dos etapas tan diferentes, tan polos opuestos, penurias y abundancia, en el discurrir de nuestra existencia en este mundo.

Sirva como metáfora o caricatura esperpéntica a este mi relato, lo que cuenta un compañero de trabajo que ahora es nonagenario y que vivió en Madrid en su adolescencia, cuando en plena guerra civil bombardeaban la capital. Me dice este anciano que, si en vez de tirar bombas hubieran tirado pan, se hubiera acabado la guerra ipso facto, al poder paliar o saciar   la hambruna generalizada.


Espectador

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