Bienvenidos al Diario del Valle

SEARCH

domingo, 19 de abril de 2026

LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO, PERO LAS PROMESAS QUEDAN ANCLADAS EN EL CORAZÓN Y EN LA MENTE.

 LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO, PERO LAS PROMESAS QUEDAN ANCLADAS EN EL CORAZÓN Y EN LA MENTE.

Por: José Peraza Hernández                                                       

El amigo Manuel Hernández, conocido como “El Volquete”, es todo un referente en Canarias y también fuera de ellas. A él le felicito, primero como persona y después como hombre de sentimientos, lleno de recuerdos que conserva con nitidez en su mente. A sus 88 años, sigue trabajando y componiendo para todo lo que le rodea: pueblos, islas y vivencias.

Hace un par de años tuve la suerte de conocerlo y reunirnos en varias ocasiones en el Puerto de la Cruz, donde él me había contactado para consultarme distintos temas. Fueron días y momentos muy agradables, en los que Manuel me contó casi media vida.

En una de esas conversaciones me transmitió su gran ilusión: estaba muy contento porque había sido recibido por mucha gente y le habían prometido hacerle un reconocimiento. Decía que había pasado por varios ayuntamientos, que lo habían atendido alcaldes y que incluso había entregado pendrives con sus canciones. Aquello le hacía sentirse valorado y esperanzado. Y, sinceramente, yo también llegué a creer que ese reconocimiento estaba cerca.

Su verdadera ilusión era recibir una metopa o una placa donde se reconociera a don Manuel Hernández, conocido como “El Volquete”, por su trabajo de más de 200 canciones dedicadas a tantos lugares y personas de las islas.

Él estuvo aquí uno o dos meses. Sin embargo, durante ese tiempo no recibió ese reconocimiento que esperaba. Más tarde, ya en su casa en Venezuela, he seguido manteniendo contacto con él. Siempre habla de su isla añorada, la que lo vio nacer.

Hace unos días volví a hablar con él. Me preguntó si yo tenía un pendrive con todas sus canciones, y entendí que su intención era conservar y ordenar su propio legado musical. Le expliqué que quizá lo que él buscaba era precisamente eso, pero que en realidad se trataba de hacer una copia para entregarla a un familiar y llevarla a un lugar concreto.

Me comentó que había dejado varios pendrives a distintas personas, amigos, conocidos e incluso ayuntamientos. La verdad es que eso me parte el corazón. Y es inevitable emocionarse cuando uno escucha sus canciones, ya sea a través de Arturo Castillo o cuando las pone Isidro Pérez en Radio Realejos, especialmente en las fiestas con temas tan emocionantes como la Virgen Chiquita del Puerto de la Cruz.

En otras ocasiones me pidió que hablara con distintas personas para saber cómo avanzaba aquello que se le había prometido. Yo lo hice, pregunté lo que pude, y lo que vi fue que todos estaban muy ocupados y que había que esperar.

Se lo fui transmitiendo con cuidado, intentando suavizar la situación para no causarle más decepción. Pero llegó un momento en el que ya no podía seguir alimentando expectativas y tuve que decirle, con sinceridad, que las cosas no iban como él esperaba.

Él me manifestaba su sensación de que la parte cultural de Los Realejos, el Puerto de la Cruz y otras instituciones no habían sido consecuentes con su persona, ni los portuenses ni el Gobierno de Canarias, a pesar de que casi todas sus canciones están dedicadas a las bellezas, el clima, la gastronomía y las costumbres de estas tierras.

En una de nuestras conversaciones me dijo algo que me quedó muy presente: que quizá sería interesante que alguien escribiera sobre su vida, sus vivencias, nostalgias, añoranzas y todo lo que lo llevó a convertirse en compositor. Un emigrante que ha tenido la dicha de crear alrededor de 200 canciones dedicadas a Canarias, Cuba y Venezuela, reflejando su cultura, su clima, su gastronomía y su propia experiencia como emigrante.

Me planteó incluso la idea de que yo y Javier, como buenos amigos y compañeros, pudieran estudiar la posibilidad de escribir esa historia de un emigrante realejero, portuense, canario y venezolano.

También comentaba su deseo de seleccionar las canciones que mejor representaran ese proyecto, algo así como “Arturo Castillo canta a Canarias, Venezuela y Cuba”, con obras de Manuel Hernández “El Volquete”. Que el resultado final sirviera como un puente entre los dos pueblos: el que lo vio nacer y el que lo acogió como un hijo, dándole trabajo, pan y bienestar.

Decía que lo demás lo pondríamos nosotros, pero que podía ser una historia bonita, con la idea de dejar parte de su legado musical en manos de otros.

Desde El Junquito, en Caracas, enviaba siempre un fuerte abrazo, de esos que nacen del alma.

Y añadía algo importante: que también sería una forma de reclamo a las autoridades y a los responsables culturales de Los Realejos, del Puerto de la Cruz, de Venezuela y del Gobierno de Canarias en general. Porque nació en Los Realejos, creció en el Puerto de la Cruz, y hoy vive en Venezuela, país que lo acogió, le dio trabajo, bienestar, donde se casó y donde nacieron sus hijos, nietos y bisnietos.

Ojalá algún día reciba el reconocimiento que merece. Mejor ahora que mañana.

Un abrazo, estimado Manuel “El Volquete”, desde Canarias hasta El Junquito, Caracas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario